
por Ameer Makhoul
Traducción: Fausto Giudice
Introducción
La escalada en el estrecho de Ormuz, tras la decisión de la administración usamericana de imponer un bloqueo naval integral, marca un punto de inflexión en la trayectoria del conflicto entre USA e Irán. Ambas partes parecen estar pasando de negociaciones directas a gestionar el conflicto a través de instrumentos de presión superpuestos que combinan herramientas militares y económicas.
A pesar del colapso de la ronda de negociación de Islamabad sin acuerdo, los indicadores actuales no sugieren una ruptura de la vía diplomática sino más bien su reposicionamiento hacia canales indirectos. Este cambio está impulsado por la persistencia de un resultado de «no decisión» que caracterizó la guerra reciente. En este contexto, Washington busca aprovechar el bloqueo naval como una herramienta de negociación para obligar a Teherán a aceptar sus términos, capitalizando su superioridad marítima. Sin embargo, enfrenta limitaciones tanto internas como externas – notablemente el impacto del aumento de los precios del petróleo en la economía usamericana, particularmente en medio de las inminentes presiones electorales.
Por el contrario, Irán ve la escalada como una extensión del campo de batalla negociador, basándose en la evaluación de que la guerra no produjo resultados decisivos y de que conserva la capacidad de resistir e imponer un equilibrio de disuasión que impida términos unilaterales. Estas dinámicas también se cruzan con otras vías regionales paralelas, particularmente en el Líbano, donde la escalada recíproca subraya la dificultad de compartimentar los frentes y añade mayor complejidad a cualquier vía de negociación. El conflicto entra así en una fase de gestión de alto riesgo, oscilando entre una escalada calibrada y una diplomacia indirecta continuada, permaneciendo el riesgo de una confrontación más amplia – aunque no inmediatamente probable.
Análisis
1°- El bloqueo naval como palanca de negociación
Trump anunció el domingo 12 de abril la imposición de un bloqueo integral en el estrecho de Ormuz dentro de las 24 horas siguientes a la declaración, con la participación de Estados socios no nombrados. El objetivo declarado es impedir que Irán controle selectivamente el paso de petroleros basándose en sus relaciones políticas. Trump también ordenó a la Armada yanqui detener cualquier buque en aguas internacionales que pague tarifas de peaje a Irán. Invocando el precedente del bloqueo impuesto a Venezuela antes de los esfuerzos para derrocar a Nicolás Maduro, Trump enfatizó que las medidas actuales contra Irán tienen un alcance más amplio y están destinadas a forzar el cumplimiento de los términos de negociación gringos.
Esta decisión refleja una transición de las negociaciones directas al uso de herramientas de presión económico-militar destinadas a obtener concesiones sin entrar en una guerra a gran escala. Sin embargo, este enfoque enfrenta desafíos estructurales, entre los que destaca la probabilidad de un aumento de los precios mundiales del petróleo, que podría afectar negativamente a la economía usamericana, especialmente en el contexto de las próximas elecciones de mitad de mandato. Además, Washington no controla plenamente la magnitud ni la naturaleza de la respuesta iraní.
2°- La suspensión de las conversaciones no significa necesariamente el regreso a la guerra
A pesar de la interrupción de la ronda de negociación de Islamabad, no puede interpretarse como un indicador definitivo de un retorno inminente a la guerra. La posibilidad de prorrogar el alto el fuego sigue siendo real, permitiendo espacio para la continuación de los esfuerzos de mediación. No obstante, el bloqueo naval yanqui constituye un obstáculo importante que podría descarrilar cualquier progreso diplomático, dadas sus implicaciones económicas y militares directas.
La decisión usamericana presenta así un doble dilema: por un lado, el bloqueo pretende aumentar el costo de la intransigencia iraní y empujar a Teherán de vuelta a las negociaciones en los términos yanquis; por otro lado, corre el riesgo de elevar los precios del petróleo a nivel nacional y mundial – un resultado que Trump desea evitar, particularmente antes de las elecciones de mitad de mandato que podrían amenazar la mayoría republicana en el Congreso.
Sin embargo, la administración parece apostar por el impacto rápido del bloqueo, anticipando que Irán cederá bajo la creciente presión económica. Al mismo tiempo, no hay señales gringas definitivas de que la guerra sea la única alternativa. Las declaraciones oficiales reflejan ambigüedad – entre declarar las negociaciones «actualmente suspendidas» y mantener abierta la puerta a su reanudación, con los mediadores continuando desempeñando un papel central. Las evaluaciones usamericanas también sugieren que, a pesar de las profundas diferencias, cuestiones clave siguen siendo negociables, incluido el expediente nuclear, la liberación de activos iraníes y el estatus del estrecho de Ormuz.
Informes mencionados por el Canal 13 israelí, citando a The Wall Street Journal, indican la posibilidad de ataques yanquis limitados contra Irán. Sin embargo, la experiencia pasada sugiere que tales ataques son difíciles de contener dentro de límites predefinidos y podrían desencadenar una escalada gradual que lleve a una nueva ronda de conflicto – especialmente dada la limitada capacidad de Washington para controlar plenamente las respuestas iraníes o el comportamiento israelí, que podría buscar perturbar las vías de negociación.
En esta luz, la retirada parcial usamericana de las negociaciones puede entenderse como una maniobra táctica dentro del proceso de negociación más amplio más que como una salida definitiva. Lo mismo se aplica a las medidas en el estrecho de Ormuz, incluidas las restricciones al transporte de petróleo vinculado a Irán – son instrumentos de presión, no de resolución. La conducta de Irán refleja igualmente una gestión calculada del proceso de negociación, reconociendo ambas partes que ni la guerra ni las negociaciones han producido resultados decisivos, manteniendo la diplomacia como una opción viable.
A nivel de narrativas, Teherán presenta una contranarrativa a la posición usraelí, afirmando que estuvo cerca de alcanzar un acuerdo antes de enfrentarse a demandas maximalistas yanquis, que incluían condiciones alteradas y la imposición de un bloqueo. Por el contrario, las evaluaciones usraelíes señalan un declive relativo de la influencia gringa durante la guerra – tanto internacional como nacionalmente – que requiere un reajuste de las herramientas usamericanas de gestión del conflicto.
3°- Riesgos de escalada y multiplicidad de actores
Las declaraciones israelíes, incluidas las advertencias de los líderes militares sobre la posibilidad de un ataque preventivo iraní, reflejan la persistencia de una «doctrina de prevención» que precedió a la guerra. Este discurso justifica inherentemente la expansión de las operaciones militares.
En este contexto, Netanyahu busca replantear los resultados de la guerra a nivel nacional afirmando que impidió que Irán adquiriera capacidades nucleares que amenazan la existencia de Israel – un esfuerzo por consolidar su posición política frente a sus rivales internos. Sin embargo, la multiplicidad de actores y la divergencia en sus cálculos dificultan el control de la dinámica de escalada. Washington no determina únicamente el ritmo de la escalada, ni puede garantizar que las operaciones limitadas permanezcan contenidas, aumentando así el riesgo de una confrontación más amplia no intencionada.
4°- Intersección de las vías regionales – el caso libanés
Existe una convicción interna israelí de que los expedientes libanés e iraní pueden desacoplarse, terminando efectivamente con el concepto de «unidad de escenarios» a nivel regional. Sin embargo, no existe una confianza equivalente en la capacidad militar para resolver cuestiones clave como el desarme. El gobierno de Netanyahu ha mostrado poco interés en negociaciones políticas con el Estado libanés, dadas las implicaciones de soberanía involucradas. En su lugar, favorece enfoques basados en la seguridad en el Líbano, Gaza y Siria, mientras adopta públicamente marcos de negociación principalmente bajo presión yanqui. Su preferencia sigue siendo la resolución militar y la consolidación del control de seguridad sobre el sur del Líbano – potencialmente sin sus habitantes.
A pesar de esta trayectoria, algunos ven las conversaciones patrocinadas por USA con el Líbano como una oportunidad para marginar una participación árabe e internacional más amplia, particularmente la de Francia, Egipto y Arabia Saudita. El frente libanés está experimentando una escalada simultánea junto con las tensiones en el estrecho de Ormuz, destacando la clara interconexión entre las vías regionales. Si bien USA parece aceptar el enfoque israelí de separar el expediente libanés del iraní, el propio Israel carece de la capacidad decisiva para imponer arreglos de seguridad finales, incluido el desarme.
Mientras tanto, el Estado libanés busca restaurar la soberanía, poner fin a la ocupación israelí y limitar la influencia iraní – creando tensiones internas adicionales y complicando aún más el panorama. La mediación exclusivamente usamericana también abre la puerta a remodelar los equilibrios regionales marginando a otros actores árabes e internacionales.
Conclusiones
- Las medidas de escalada yanquis, junto con las respuestas iraníes, indican una transición hacia una presión recíproca destinada a remodelar los términos de negociación sin recurrir a una guerra a gran escala, reforzando el papel de los mediadores para mantener las prórrogas del alto el fuego y reabrir las conversaciones.
- El aumento de los precios del petróleo – globalmente y dentro de USA – constituye una importante limitación externa para la administración Trump, obligándola a equilibrar cuidadosamente entre los objetivos de negociación y las consideraciones políticas internas, particularmente en el contexto energético sensible de los ciclos electorales.
- A pesar de un declive relativo de la influencia israelí directa en la toma de decisiones usamericana tras errores de cálculo de inteligencia, Netanyahu conserva la capacidad de explotar las divisiones internas dentro del sistema yanqui para impulsar opciones más radicales, incluyendo obstaculizar las negociaciones o expandir la escalada.
- Las conversaciones libanesas-israelíes mediadas por USA parecen de alcance limitado debido a las complejidades de soberanía y la renuencia de Israel a comprometerse plenamente con estas obligaciones, lo que hace probable que los costos de un alto el fuego en el Líbano se integren en el marco de negociación más amplio con Irán, incluido el papel de los actores alineados con Teherán [Hezbolá].
- La superposición entre los ejes regionales – particularmente en el Líbano – subraya la alta complejidad del entorno estratégico, donde los expedientes de negociación ya no pueden aislarse de sus prolongaciones operativas sobre el terreno.
Tension in the Strait of Hormuz: A Negotiation Tactic or a Return to High-Intensity Conflict









