
por Comandante Antonio García del Ejército de Liberación Nacional de Colombia, ELN
En una singular muestra de pensar con el deseo, Pedro Sánchez, Presidente de España, en la recién pasada Cumbre del Progresismo, realizada el 16 y 17 de abril, exclamó que “…el tiempo de la internacional ultraderechista y de una derecha rendida a los postulados reaccionarios ha llegado a su fin…”.
Y por si quedaba alguna duda completó diciendo: “…la derecha que languidece, sabe ya que su ortodoxia neoliberal ineficiente y cruel murió en 2008, con la crisis financiera”.
Lo dice y lo sentencia, a pesar que desde aquel año y hasta el presente, la riqueza de los multimillonarios se multiplicó, hasta el punto de dar origen a mil millonarios, y no cesan las guerras imperialistas de conquista y despojo.
La crisis del 2008 es cierta, y con ella debió quedar enterrado el neoliberalismo, pero 18 años después continúa sumiendo a los pueblos en miseria y concentrando la riqueza cada vez en menos manos.
Como si fuera poco, la cabeza más visible del imperio, invadiendo países, asesinado gente sin piedad, arrasando pueblos, cometiendo genocidios, desquiciando el comercio mundial y dejando al borde de su liquidación a Naciones Unidas.
Efectivamente, hace todo esto para evitar su fin, pero no caerá con buenos deseos, así diga Pedro Sánchez “… cuando gobernamos los progresistas, los Estados no se arrodillan ante las élites. Las ponen en su sitio”. Menos cuando dirigentes como Petro anda más pendiente que Trump lo saque de la lista Clinton (OFAC) que de otra cosa, o de cumplirle con lo que se comprometió para pasar el examen de buena conducta.
Pese a los discursos del progresismo sobre justicia social, la injusticia campea, y es ante dichos incumplimientos, que la derecha arma sus argumentos para retomar gobiernos.
La verdadera democracia, la del pueblo, exige ir más allá del progresismo y más allá de la idolatría y las formalidades al voto. Se precisa que las mayorías movilizadas se hagan escuchar y así, los gobernantes cumplan el mandato que reciben de ellas y tomen distancia de los grandes conglomerados del imperialismo, que hoy los determinan y les marcan sus caminos.
Se requiere superar el progresismo, hacer un examen crítico de sus vacíos y falencias. Es el debate que hoy se abre en la izquierda revolucionaria.









