
por Comandante Antonio García del Ejército de Liberación Nacional de Colombia, ELN
Quien reniega de su pasado será alguien sin historia, sin comunidad ni territorio, y solo tendrá el individualismo como futuro.
Esto ha sucedido con Donald Trump y Marco Rubio, ambos de familias emigrantes, pero hoy enemigos furibundos de quienes buscan un mejor futuro en Estados Unidos, destino que ha sido difundido con profusión en el mundo, como «el sueño americano», ahora fantasía negada.
Si a esto le sumamos el «espíritu» de Hernán Cortés o Francisco Pizarro, podremos entender lo que sucede hoy. Sin darnos cuenta retrocedimos al pasado. Ambos terminaron ocupando territorios ajenos, secuestrando y asesinando «gobernantes nativos» hace 500 años, para gloria del imperio o el Rey Español y para desventura de los pueblos amerindios, que fueron saqueados a sangre y fuego. Se usó la «fe de Cristo» en ese entonces, hoy la «democracia occidental», pero igual se mata y se saquea. A la vez que se enriquece el rey o al imperio, también al bolsillo propio.
Una vez terminada la Primera Guerra Mundial (1914-1918) con la Sociedad de las Naciones, antecesora a la ONU, se trazan las bases para la paz y la reorganización de las relaciones internacionales, en cuyo esfuerzo trabajó el entonces Presidente de los Estados Unidos Woodrow Wilson (1913-1921). Si bien Wilson no era ninguna ‘perita en dulce’, esclavista a morir y realizó cualquier cantidad de intervenciones militares a otros países, como México, República Dominicana, Haití, Filipinas, Nicaragua y Panamá, entre otros. Pero también en China y Rusia en apoyo a la contrarrevolución. Pese a este currículo le dieron el Premio Nobel de paz en 1919. Lo elocuente de esta historia es para señalar que en esta fase de su política internacional, Wilson llegó a decir que la autodeterminación de las naciones era algo más que una «simple expresión».
Un «esclavista negrero» reconociendo la autodeterminación, antes que existiese la ONU. Hoy, pese a su existencia y estar contemplado en el Derecho Internacional, tanto Trump como Rubio lo desconocen y están por la destrucción de toda institucionalidad.
Esta semana que pasó, Marco Rubio en una audiencia ante la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado estadounidense se descargó contra Cuba, su país de origen familiar: “La isla continúa albergando una cantidad considerable de instalaciones de inteligencia, para la recopilación de información en nombre de China y Rusia”. ¿Será que Estados Unidos no tienen instalaciones de espionaje en Europa y todos los demás continentes para conspirar contra todo mundo?
Por elemental lógica política se conoce y entiende que con «lo que yo hago» autorizo a «otros a que hagan lo mismo», esa es la norma, incluso por encima del derecho.
Más adelante señala Rubio: “En términos generales, se trata ahora de una región llena de aliados de Estados Unidos, de líderes afines a Estados Unidos y de una orientación favorable hacia Estados Unidos”.
Entonces queda claro que se trata de buscar aliados, solo que Estados Unidos sí lo puede hacer y los demás no. Como quien dice «la ley del embudo», «yo puedo y los demás no», qué lindo.
Por lo que dice Rubio, no conoce la historia o está más atrás que el mismo pasado. Wilson, pese a ser un «negrero», señaló hace más de un siglo: «es preciso respetar las aspiraciones nacionales. En nuestros días la gente no tiene por qué aceptar más dominación ni más gobierno que los que se deriven de su propio consentimiento”.
¿Será que Trump y Rubio conocen la historia? Les ‘importa cinco’. Quizá tendremos que esperar unos años, tal vez no muchos, y serán reconocidos como lo que son, los Cortés y Pizarro del siglo XXI, con la diferencia que los sanguinarios conquistadores españoles, vinieron del viejo mundo a hacer barbaridades a unos pueblos extraños para ellos; en cambio Trump y Rubio, siendo de familias inmigrantes, persiguen similares en Estados Unidos, y desde ese país extraño hacen daño al resto del mundo. Es la pequeña diferencia.


