
por Helmut Born y Jacob Shafer
La Confederación Alemana de Sindicatos (DGB) convocó una manifestación el 26 de septiembre en 15 ciudades contra las medidas de austeridad previstas por el Gobierno federal. Según las cifras de la DGB, participaron 175000 personas.
Varios medios hablan de 200000 participantes, mientras que otros apenas lo han mencionado, o ni siquiera lo han hecho. Cabe destacar que el sindicato IG Metall había anunciado el mismo número de participantes en su jornada de acción en el sector del automóvil, el lunes 21 de septiembre. Sea como sea, estas dos jornadas de acción se pueden considerar un éxito en cuanto a participación e indican que hay mucho revuelo entre las bases de los sindicatos y que la voluntad de defenderse contra las provocaciones del capital y del Gobierno está muy extendida.
“Tu trabajo, tu salud, tu jubilación: ha costado mucho conseguirlo”
Ese era el lema de las manifestaciones y concentraciones. En los días previos, muchos escépticos pensaban que más bien iba a ser un fracaso, ya que el ambiente en las empresas y en las estructuras sindicales estaba bastante deprimido. Este escepticismo se basaba sobre todo en la impresión de que, tras todos estos años de colaboración intensa con las direcciones de los grandes grupos empresariales y el Gobierno federal, ya no se consideraba que los dirigentes sindicales fueran capaces de librar una verdadera lucha en defensa de los derechos sociales. Una de las razones es el estrecho vínculo que existe entre las direcciones sindicales y el SPD, del que casi todos y todas son miembros.
Muchas organizaciones activas en el movimiento social respondieron a la convocatoria del DGB y aprovecharon este día como un paso importante en la construcción de una resistencia a gran escala.
La participación de las bases sindicales varió mucho según el lugar, las empresas e incluso los distintos sindicatos, pero se ajustó perfectamente a la tónica de movilizaciones similares de los últimos años. Es alentador ver que, a nivel local, también se ha involucrado activamente un número cada vez mayor de compañeros y compañeras jóvenes.
Por lo que hemos podido ver en general, podemos decir que en muchos sitios el ambiente fue bastante bueno, incluso combativo en algunos casos. Sin embargo, el número total de participantes podría haber sido bastante superior a los 175000 anunciados oficialmente, sobre todo porque esta vez la convocatoria no vino solo de los sindicatos.
La presidenta del DGB, Yasmin Fahimi, que también es miembro del SPD, tomó la palabra en la concentración organizada en Essen, una de las grandes ciudades de la cuenca del Ruhr. A diferencia de lo que ocurrió en muchas otras ciudades, esta manifestación la organizó exclusivamente el DGB.
No hubo ningún intento de organizar algo en común, por ejemplo, con las asociaciones que gestionan la asistencia social sin ánimo de lucro, como sí ocurrió, por ejemplo, en Hesse para la manifestación de Fráncfort. Esa concentración reunió, por cierto, a 30000 personas, según el presidente del sindicaco ver.di, Frank Werneke.
En Essen, Yahmin Fahimi anunció en su discurso que el número de participantes superaba con creces las expectativas. Daba la impresión de que era ella la que parecía más sorprendida. Se contabilizaron nada menos que 18000 participantes, algo que no era necesariamente previsible tras semanas de inactividad en Renania del Norte-Westfalia. Se refirió a los planes del Gobierno federal para empeorar las condiciones de las pensiones, la jornada laboral, la protección contra el despido, las bajas por enfermedad, las ayudas a la vivienda, la asistencia sanitaria, etc. Pero está claro que busca el compromiso más que la resistencia. Por eso, pidió al Gobierno federal que entablara conversaciones con los sindicatos. No obstante, la pregunta es ¿cómo deberían ser esos compromisos en materia de defensa de la jornada laboral, las pensiones, la reducción de las ayudas a la vivienda, etc.? ¿Acaso esta iniciativa solo pretendía que este Gobierno federal, al igual que los anteriores, reconociera a los sindicatos como auténticos interlocutores?
Una jornada de acción sin un futuro claro
Así pues, en el fondo, las manifestaciones se mantuvieron al mismo nivel que en los últimos años y no reflejaron el creciente descontento y la ira que reinan en muchos sectores tanto de la función pública como en la industria. Esto se debió sobre todo al desacuerdo dentro del comité ejecutivo federal de la DGB, donde todavía hay demasiada gente que se niega a renunciar al diálogo social y a dar prioridad a la conservación de las plantas, así como a la lealtad inquebrantable hacia el SPD. Esto se refleja en dos puntos débiles principales que han afectado a la preparación y a la argumentación de fondo de estas manifestaciones, así como a los discursos (por lo que hemos podido percibir; sería una gran sorpresa que se hubiera adoptado un tono diferente en alguno de los discursos de apertura, o incluso de clausura, ya que la línea la había determinado previamente la dirección de la DGB):
a.) En ningún momento los principales oradores y oradoras dejaron claro que las movilizaciones debían continuar después del 26 de septiembre y que había que intensificar las acciones.
b.) Por lo que sabemos, en todos los discursos se tuvo cuidado, casi hasta el punto de resultar incómodo, de no abordar la cuestión del rearme y, sobre todo, de no cuestionar la política de “cañones en lugar de mantequilla”. Con una excepción: Maike Schollenberger, la responsable regional de ver.di en Baden-Wurtemberg, estableció claramente el vínculo entre el rearme y la militarización durante la concentración de Stuttgart.
Se pudieron ver numerosas pancartas y carteles hechos a mano, en los que la gente expresaba su rechazo a la “preparación para la guerra”. Es cierto que no todos los compañeros y compañeras comparten esta opinión, pero es precisamente esta correlación la que habría que haber destacado. Así pues, falta un elemento esencial para una explicación coherente del contexto de los ataques que están llevando a cabo actualmente el Gobierno y el capital.
Y, sobre todo, no se han identificado las causas profundas, es decir, el agravamiento de la crisis del sistema capitalista en su conjunto.
Con demasiada frecuencia, las críticas se han centrado en la mala estrategia de la patronal (como el hecho de haber “perdido el tren en la transición a la movilidad eléctrica”), como si se pudiera apartar a los capitalistas de una política de máximo beneficio a corto plazo apelando a su responsabilidad y exhortándoles a invertir más.
No reconociendo la crisis del capitalismo como lo que es, las direcciones sindicales tampoco están dispuestas a comprometerse con una alternativa social. En estas condiciones, los sindicatos, por supuesto, no pueden elaborar un programa de lucha destinado a imponer un cambio profundo. Teniendo en cuenta todas estas carencias, no es de extrañar que los sindicatos solo puedan dirigirse a la clase política como simples suplicantes. Y eso es precisamente lo que no anima en absoluto a la gente de las empresas a sumarse a la movilización.
Lo que ahora será decisivo para el desarrollo de los acontecimientos es hasta qué punto logremos aumentar la presión desde la base. Aquí les toca a todas y todos los que están activos en los sindicatos exigir, dentro de sus estructuras de base –o incluso de grupos autónomos dentro de las empresas–, un plan de acción más ambicioso por parte de las direcciones sindicales.
Al mismo tiempo, tenemos que aprovechar las reuniones de las distintas redes de sindicalistas combativos previstas para octubre para reforzar la coordinación e animar a las diferentes iniciativas a aunar sus actividades, para que lleguen a un público más amplio dentro de las empresas y refuercen las ganas de resistir.
Nuestras propuestas
Hay que organizar otra manifestación nacional este año (a ser posible antes de mediados de noviembre) en Berlín, que exija sin ambigüedades la retirada de los proyectos de recortes presupuestarios. En el marco de esta movilización, también hay que debatir cómo se puede desarrollar la resistencia dentro de las empresas. Nuestro objetivo a largo plazo debe ser organizar concentraciones durante el horario laboral, porque ¡sin huelga, no cambiará nada!
También hay que aprovechar la oportunidad que ofrecen las negociaciones salariales en el sector metalúrgico y eléctrico, donde IG Metall se enfrenta a las exigentes demandas de la patronal Gesamtmetall. Entre el 2 y el 6 de noviembre habrá huelgas de advertencia en muchas empresas de todo el país para reclamar un aumento salarial del 5%, una reivindicación más que modesta teniendo en cuenta la evolución de los precios. Pero ni siquiera en este punto será fácil llegar a un acuerdo, ya que Gesamtmetall ha anunciado su intención de rescindir el convenio colectivo sobre la jornada laboral e imponer jornadas más largas sin aumentar el sueldo. Si esto acabara dando lugar a compromisos de mala muerte, podría hacer que se rompieran todos los diques.
En el sector sanitario se avecina otro conflicto importante. El Gobierno federal está pensando en dejar de hacer que las cajas de seguro médico asuman los futuros aumentos salariales. Esto provocaría nuevas reducciones de plantilla en los hospitales y centros de salud. Aquí, el sindicato ver.di se enfrenta a la necesidad de reaccionar con determinación.
Las luchas defensivas contra todos estos ataques pueden y deben converger, y ir acompañadas de acciones masivas en el lugar de trabajo. Para ello, los sindicatos deben revisar su postura hostil hacia las huelgas políticas y tener en cuenta este derecho fundamental, o al menos la jurisprudencia europea. Según esta, las huelgas políticas son tan legítimas como las huelgas por los convenios colectivos, lo que debería aplicarse ya en Alemania. De lo contrario, si la crisis política se agravara aún más, podría imponerse un gobierno muy autoritario, o incluso fascista, sin que los sindicatos hayan sido capaces siquiera de oponer una resistencia mínima.
Fuente: ESSF
Traducción: Viento sur


