Cuba. ¿Por qué defiendo lo que parece no dar más?
Porque la Revolución no es un gobierno. Es un pueblo que se niega a arrodillarse.
Porque la Revolución no es un gobierno. Es un pueblo que se niega a arrodillarse.
Colombia se encuentra en una nueva fase de la reingeniería neocolonial estadounidense en Nuestra América.
Mientras que las ganancias antes de impuestos como porcentaje de los ingresos nacionales alcanzaron el 18 %, la mayor proporción después de la Segunda Guerra Mundial, la parte de los empleados en salarios y beneficios cayó al 60 por ciento, el nivel más bajo desde la década de 1950.
La historia que aquí se documenta no es solo pasado. Es una interpelación directa a nuestro presente y a nuestro futuro.
Los resultados de los exámenes dan cuenta del exiguo desempeño de la mayoría de estudiantes, así como de la alta brecha entre clases sociales, género y en los territorios.
Estos gobiernos han asumido como propio, aún con sus diferencias y heterogeneidades, el estilo, la retórica y la agenda del trumpismo (autoritarismo, racismo, sexismo, homofobia, antiecologismo, reconstrucción del patriarcado, odio como forma de hacer política)
Palabras-tanto-dolor, las más insuficientes de las palabras, las más valientes.
Debemos recuperar el legado de dirigentes genuinos del movimiento obrero como Mahecha y Camarita, que con su entrega y dedicación nos enseñaron que el trabajo de base, la formación política y la movilización contra el capital, es la única vía en que el movimiento proletario puede alcanzar su plataforma de lucha.
En una entrevista con Elías Sanbar, recogida en «Los indios de Palestina», Deleuze define la lógica subyacente del sionismo como un colonialismo de evacuación. El objetivo no es explotar la mano de obra indígena, sino vaciar la tierra de sus habitantes para convertirla en un mero soporte para el capital y la teología de la propiedad.
Quiroz –esto no se inventa–, sigue haciendo la siesta, no se inquieta, vive en Jauja.