Chile. El gato a cargo del charqui

Por Ricardo Candia Cares

El riesgo de dejar al gato a cargo de la carnicería es una torpeza difícil de clasificar. Importa una inexcusable falta del sentido de lo político. Es no quererse ni un poquito y aceptar ser cooptado por el miedo que dan los uniformes.

Cuando se está en política, en donde el poder es la cuestión, es necesario usar la voluntad popular con la energía, precisión y convicción suficientes, de lo contrario se vuelve en contra.

Resulta interesante saber por qué el gobierno de Gabriel Boric no removió a los altos mandos policiales sabiendo que a ellos no se les puede confiar ni el vuelto del pan.

Y no digamos que es por la falta de experiencia de quienes han asumido el gobierno. El Partido Comunista, importante miembro de la coalición, sabe por demás lo peligroso que es demostrarle miedo a una institución que no tiene precisamente los títulos democráticos necesarios.

No pocos militantes comunistas fueron asesinados por miembros del Cuerpo de Carabineros en la historia centenaria de esa colectividad. Y, sin embargo, esa pulsión anticomunista en el sentido más extenso posible, como el dinosaurio, aún está ahí.

La Dipolcar es a heredera legítima de la Dicomcar. ¿Alguien recuerda la Operación Huracán?

Si no hubo decisión de terminar con Carabineros, por lo menos debieron impulsarse cambios relevantes en su interior.

Pero nada se ha hecho para depurar las filas policiales y el profundo sentido antipopular y clasista de sus mandos, entre los cuales las ideas de ultraderecha son las dominantes. Ni siquiera se ha hecho algo para modificar las estructuras internas que replican un clasismo que permite solo a quienes vienen de los sectores más acomodadas ascender a los escalones superiores.

La tropa es para el perraje.

Carabineros de Chile ha sido el espolón adelantado que los poderosos utilizan para contener la rabia de la gente que emerge de una cultura esencialmente injusta. Y como se ha visto, los oficiales y la tropa lo hacen con una fruición digna del patriotismo más anidado.

No se sabe de alguien que haya entendido lo que hizo el presidente Boric al haber mantenido en sus cargos a los generales que estuvieron involucrados directamente en la sangrienta represión con ocasión de los sucesos de Octubre.

¿Por qué optó por seguir con esos generales al mando de la institución? ¿Qué dato de la realidad lo hace cambiar de opinión respecto de terminar con esa policía para crear otra de rango democrático?

Como veremos, esa aguachenta política de la rendición a priori está teniendo efectos dramáticos y peligrosos: ni más menos que el general a cargo de la inteligencia policial es descubierto conspirando en contra del presidente y su gobierno.

Y lo inexplicable viene tras cartón: se le pide al mismísimo acusado que ponga en conocimiento de la Fiscalía los antecedentes de lo que el mismo habría hecho.

Minutos más tarde el gobierno corre a apoyar la labor del acusado sin asomo de dudas.  ¿Qué hará el gobierno si se confirma que el general a cargo de la inteligencia policial ha actuado sediciosamente? ¿Sabía de esta operación el Director General Yáñez?

¿Cómo se podría seguir confiando si se considera que las leyes le entregan la seguridad de las vidas de las autoridades a esas mismas policías que conspiran en contra de ellas?

Y me quedo hasta aquí.

Lo que queda es esperar el costo que tendrá para el gobierno y para la gente esto que pasa y que no tiene vestigio de cosa racional.

Si se compara, lo de Irina Karamanos y su Gabinete personalizado es una pata de jaiba comparado con este escándalo que sí es de un peligro extremo y no una torpeza casi tierna, quizás un rapto de amor malentendido.

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