La deuda es violencia económica

Enid Faúndez C.

El panorama global del encadenamiento deudor

El pasado 29 de agosto, el Fondo Monetario Internacional (en adelante FMI), ofreció al gobierno una generosa línea de crédito flexible (LCF) a 24 meses por USD$ 18.500 millones; similar maniobra realizó en pandemia y por un monto mayor que finalmente no fue utilizada por nuestro país (Ver N.º 1).

Sabemos que el sueño de cambiarlo todo puede esfumarse en países latinoamericanos dependientes del gran capital mundial, la vulnerabilidad a la deuda crónica y la tendencia cíclica de décadas de ajustes para cumplir los pagos con el FMI en detrimento del crecimiento interno, son factores que nos colocan en una situación de alta volatilidad e inseguridad presupuestaria socioeconómica. La suma de factores de impacto global (alzamientos populares, pandemia, restricciones a las cadenas de suministros, cambio climático, guerra en Ucrania, crisis China-Taiwán, etc.); han ocasionado un panorama global de incertidumbre y alta propensión a la deuda, entendiendo esta como pública (deuda del Estado con inversores nacionales y extranjeros) y privada (que no es de la administración pública y que recae entre trabajadores y el mercado financiero). A continuación realizaremos un análisis con respecto a la deuda pública y su relación con el Producto Interno Bruto (en adelante PIB).

Según datos del FMI en 2020 se alcanzó un nivel récord de deuda de un 256% del PIB mundial (Ver N.º 2). Partiendo por los países del centro económico, podemos mencionar a EEUU con una deuda de un 14,9% del PIB al cierre de 2021, y China, con una deuda de un 310% del PIB (debido al incremento de deuda de empresas no financieras, como la crisis del sector inmobiliario con el caso Evergrande). A su vez, en la Eurozona el incremento de deuda a mediados del 2021 fue de un 100,5% del PIB.

Con respecto a la periferia del capitalismo global y según datos de la CEPAL, tenemos a Latinoamérica con un aumento de deuda de un 79,3% del PIB; cifra que sitúa a América Latina y el Caribe como las regiones más endeudadas del mundo en desarrollo y con la mayor relación de deuda externa en relación con exportaciones de bienes y servicios (57%); sin mencionar países de la región con deuda crónica como Venezuela (289 % de su PIB). Cabe mencionar a Argentina con un incremento de deuda de un 82,2% del PIB al cierre del 2021 y Chile con una deuda pública de 81,3% del PIB, una cifra no vista desde 1991 y derivada principalmente de operaciones de Gobierno y Empresas no financieras.

Origen, desarrollo y consecuencias de la deuda externa Latinoamericana

Primero que nada, se debe separar el contexto de deuda externa de los países desarrollados a la de países de la periferia del capitalismo. Por ejemplo, la deuda externa de EEUU responde en mayoría a su propia política monetaria expansiva y financiera mundial; además del privilegio que tienen de no depender de una moneda extranjera para reembolsar deudas, sino de convertir al dólar en un activo mundial y emitir crédito sobre sí mismo, presionando así a otros países a retener divisas norteamericanas en sus reservas.

En Latinoamérica, el desarrollo de la deuda es diferente y tiene su origen en la incorporación de América al proceso de acumulación primitiva del capital (Siglo XVI), donde una incipiente deuda se saldó contra la expatriación de riquezas en manos de colonizadores españoles y portugueses, representando el pago inicial con que las futuras naciones latinoamericanas contribuyeron a levantar el mundo capitalista contemporáneo. Terminada la época colonial y a medida que los países se independizaron; nuevamente la extorsión usuaria del capital de origen inglés apareció para financiar el proceso de independencia. Cabe mencionar que el primer empréstito de Chile fue solicitado por Bernardo O’Higgins en 1822 y las dificultades para pagarlo afectaron incluso hasta mediados del siglo XIX. Posteriormente, se regularizaron los flujos de pagos y se obtuvieron nuevos préstamos para financiar el ferrocarril, obras públicas y la guerra contra España. Pero no es sino hasta el inicio de la decadencia del salitre, que acontece un periodo de crisis económica mundial que causó una cesación de pagos y aumento de deuda; fase comprendida entre la “Gran Guerra” del 14, la quiebra de los años 30 y la Segunda Guerra Mundial.

En etapa de postguerra, la deuda externa pasó a ser controlada por instituciones creadas para la recuperación económica mundial: el Fondo Monetario Internacional (FMI) fundado en 1945 por la ONU en relación con los Acuerdos de Bretton Woods y el Banco Mundial (BC) creado en 1944. Posteriormente y partir de los años 60 y 70, ocurre un gran ciclo de endeudamiento debido al auge del capital financiero a partir de la ruptura del patrón oro de la convertibilidad del dólar y el uso desmedido de emisiones de papel moneda para solventar los enormes déficits fiscales causados por la guerra de Vietnam; sumando además, la crisis del petróleo de 1974 que generó fuertes flujos inflacionarios a nivel global y que las grandes potencias controlaron aplicando políticas monetarias con tasas de interés artificialmente altas (políticas de ajuste recesivo); trasladando los efectos del desajuste monetario del centro a la periferia, impactando a los países altamente endeudados incrementando más su deuda y llegando a niveles técnicamente impagables.

A medida que avanzó la historia, siguieron otros ciclos de incremento de deuda; como el derrumbe de la Bolsa de NY en 1987, la crisis del sudeste asiático a principios de los 90 hasta el 2000, el crack financiero de 2007-2008 (Crisis Subprime), la recesión de 2009-2012 y la crisis energética-medioambiental e impacto de pandemias en los últimos años. En este punto, la hegemonía del capital financiero influyó en el desvío de la inversión de la producción a las colocaciones como resultado de la sobreoferta de créditos que buscaban dar salida a la sobre-acumulación de capital y mantener la tasa de ganancia de los grandes capitalistas. Cabe señalar que según la definición del capital financiero, este representa la forma pura de expropiación del capital sin su correspondiente modo de producción, junto a la aparición de los “cartels” y “trusts” (oligopolios que fijan precios, producción y controlan el mercado).

Podemos concluir, que en Latinoamérica evidenciamos un saqueo colonial histórico actualmente disfrazado de “eufemismo de deuda externa” y que a partir de los años 80 y por concepto de pago de deuda externa latinoamericana se desembolsaron más de USD$ 250.000 millones; sin contar la fuga de capitales, corrupción, paraísos fiscales o la pérdida por “deterioro de términos de intercambio” (pagar más por los productos que se importan y recibir menos por lo que se exportan). Es así que el capitalismo global (imperialismo en fase avanzada) sigue extrayendo riquezas y logrando penetrar a crédito en países de la periferia e incluso, presionando a los bancos a realizar préstamos producto de la alta liquidez ficticia (alto circulante por políticas expansivas del dólar) que además beneficia a la burguesía local con la deuda parasitaria de sus propios países.

Es aquí donde la teoría neoclásica falla; porque, únicamente las grandes potencias capitalistas crecieron gracias a la deuda a fines del siglo XIX y al resto se les sujetó a través del endeudamiento internacional; repercutiendo en la calidad de vida, el empleo y las perspectivas de desarrollo en pos de aumentar el flujo de salida de capital en un círculo vicioso para sostener los desequilibrios macroeconómicos de las grandes potencias. En las décadas de auge neoliberal latinoamericano y en especial en Chile, las instituciones financieras globales incrementaron la deuda a través del aumento de tasas de interés, la reducción del crédito y del deterioro de la industria nacional; llegando a una casi total desindustrialización con la finalidad de impactar el intercambio y la exportación, favoreciendo la dependencia e inserción de la industria multinacional, que en la práctica no llegaba a inyectar nuevos capitales, sino que invertía solamente una parte de las grandes utilidades mientras que el resto se fugaba al exterior.

Cuando la inserción neoliberal destruyó la totalidad de la capacidad industrial nacional, se inició una etapa terminal de deuda; proceso que evolucionó de las simples políticas de ajustes recesivos a pagos mediante apropiación de patrimonio (pagarés con deuda nacional o expropiación industrial o territorial, como lo está evidenciando Argentina con la entrega de bienes a consorcios multinacionales, proceso denominado “Integración Profunda”; esto es, depredación imperialista sobre las naciones de la periferia). Al final, la transferencia de recursos a los países centrales ha tenido graves consecuencias sociales: fuertes procesos inflacionarios, aumento de la pobreza, desnutrición y enfermedades, caída del ingreso per cápita e impacto crónico en el coeficiente de inversión (el poco excedente no se invierte en lo productivo, sino a pagar la deuda), retrasando el avance industrial y científico. He ahí que el lapidario Consenso de Washington (1982) terminó por sepultar los sueños de crecimiento de América Latina y dejó al continente reducido a meros “mercados emergentes”, como un negocio para operaciones usureras del capital financiero mundial, privatizaciones, fusiones y adquisiciones; enterrando así las raíces de los monopolios para controlar segmentos enteros del mercado nacional y aprovechándose de la fragilidad financiera para generar beneficios fiscales y financieros; participar en movimientos especulativos contra la moneda nacional, explotar ventajas comparativas derivadas del control de materias primas estratégicas, desvalorizando el salario y la mano de obra, etc.

El escenario chileno

La situación que enfrenta el presidente Gabriel Boric junto al ministro de Hacienda, Mario Marcel, es compleja. Con un IPC al cierre de julio de 2022 que registró un aumento mensual de 1,4%, acumulando alzas de 8,5% en lo que va del año y 13,1% a doce meses y, si bien la promesa de campaña enarbolada en las postrimerías del estallido social fue “acabar con el neoliberalismo”; la promesa queda un poco en duda con el discurso conciliatorio y colaborativo que en ENADE 2022 anunciaba cambios graduales –dichos que hasta Juan Sutil apoyó- frente a una excesiva confianza en impulsar una Reforma Tributaria para financiar gran parte del gasto social y la reactivación económica y que no sabemos si tendrá el apoyo suficiente en ambas Cámaras (ver N.º 3).

¿Qué caminos podría tomar como clase trabajadora para presionar y movilizarse? Los caminos son varios, como devaluar la deuda aislando de esta el efecto inflacionario y re-pactarla a un 1% de interés; re industrializar para que el margen de crecimiento pague la deuda y deje un saldo, o simplemente no pagar y nacionalizar la gran industria y la banca financiera pasando esta a manos de la clase trabajadora y sin derecho a indemnización. Con respecto al argumento de no pagar, es clara y es una salida socialista totalmente válida, debido a que el incremento de la deuda es resultado de la especulación usurera de la banca mundial y que la inmensa extracción de riquezas como utilidades ya significan un pago de obligaciones. La consigna “no pagar” es una medida de ruptura antes que el escenario global empeore y una materialización de la consigna “a cambiarlo todo” con una real descolonización y no continuidad del sometimiento histórico al capital financiero global. Por otro lado, la nacionalización de la industria y la banca financiera pondrían fin a la expropiación que ya realizan las multinacionales y que sirven a su vez como eje de flujo de capital extranjero y foco de rescates financieros estatales -que posteriormente paga la clase trabajadora con las alzas del IPC e impuestos regresivos (IVA)-. Desde otros aspectos financieros, la posición de “no pago” se argumenta mucho mejor si se observa la composición de la deuda externa chilena. A fines del 1982 era principalmente privada, pero a partir de 1983 la deuda pública creció debido a que en esos años el sector público era el único con acceso a los mercados financieros externos y este se endeudó con los mismos acreedores para proveerse a sí mismo y al sector privado de las divisas suficientes para el servicio de la deuda. Además, el Estado sirvió como aval a la deuda del sector financiero privado; resultando que a 1982 la deuda privada con garantía pública se incrementó de USD$ 62 millones a USD$ 2.130 millones a fines de 1984. O sea, el sector público ha estado involucrado en el problema de la deuda externa y el pago del sector privado se ha hecho gracias al significativo apoyo del Estado (subsidios que ha otorgado el sector público a través de una tasa de cambio preferencial, la renegociación de las deudas internas y la intervención de la banca nacional).

A modo de conclusión; la agudización de la crisis socioeconómica y medioambiental global hará que la deuda y en especial la externa, se transformen en una enfermedad terminal incurable y una clara manifestación de la tendencia a la crisis del modo de producción capitalista. Panorama que empeora, si consideramos la tendencia a que las deudas influenciadas por el capital financiero crean nuevos instrumentos y títulos bursátiles para impulsar nuevos mercados de activos y obligaciones; que articulados en un sistema complejo de apalancamiento, desembocan inevitablemente en una cadena de insolvencia global. Este “complejo sistema de crisis”, no es más que la expresión moderna de la lucha de clases en manos del capital global como fase avanzada del imperialismo contra la clase trabajadora. En este punto, se reconoce que no sirve forjar puentes reformistas con el sector empresarial porque este, en su desesperación por sobrevivir, usará cualquier oportunidad para afianzar su oligarquía financiera, bloquear el desarrollo de las fuerzas productivas autónomas y violentar la soberanía de los pueblos a través del despojo, el hambre y la explotación. Lo que debe conquistarse es el poder popular y la independencia de la clase trabajadora para sobrevivir a la debacle capitalista.

¡La deuda es con el pueblo, no con el FMI!

Referencias:

1.- https://www.biobiochile.cl/noticias/economia/actualidad-economica/2022/08/29/fmi-aprueba-nueva-linea-de-credito-flexible-de-us-18-500-millones-para-chile.shtml

2.- https://www.imf.org/es/News/Articles/2022/04/11/blog041122-dangerous-global-debt-burden-requires-decisive-cooperation

3.- https://www.elmostrador.cl/mercados/2022/01/13/presidente-de-la-cpc-le-habla-a-boric-en-enade-2022-tiene-en-sus-manos-liderar-la-restitucion-de-la-amistad-civica-en-nuestro-pais/

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