
Por Jorge Gálvez*
La firma del memorando de entendimiento entre Irán y Estados Unidos expresa un momento más de la derrota del imperialismo yanqui, y a la vez constituye un acontecimiento de enorme relevancia geopolítica. Más allá de los términos específicos del acuerdo, lo que emerge con claridad es una realidad política de fondo, Estados Unidos, la principal potencia imperialista del planeta, no logró alcanzar ninguno de los objetivos estratégicos que justificaron su intervención militar contra la Republica Islámica de Irán, mientras que Irán logró preservar su soberanía, mantener intactas sus estructuras estatales y proyectarse como una potencia regional.
Como la guerra es la continuación de la política por otros medios, entonces toda guerra debe evaluarse por sus resultados políticos finales. En este caso, Washington agredió a Irán con los objetivos de derribar al gobierno iraní, destruir sus capacidades estratégicas, aislarlo regionalmente y someterlo a una nueva relación neocolonial. Ninguno de esos objetivos fue alcanzado por Trump y la maquinaria genocida del imperialismo y el sionismo.
Por el contrario, en el memorando de acuerdo Irán impone tras su victoria el (1) El levantamiento gradual de las sanciones, (2) La liberación de activos iraníes congelados, (3) El restablecimiento de las exportaciones petroleras (4) La retirada de fuerzas estadounidenses de las proximidades de Irán (5) El reconocimiento implícito del papel regional iraní, (6) Un programa de reconstrucción financiado en parte por Estados Unidos y sus aliados.
Desde el punto de vista político, estos elementos reflejan una situación difícil de ocultar, EEUU que inició la guerra terminó en una negociación humillante en condiciones muy distintas a los objetivos planteados originalmente.
Incluso sectores del propio establishment estadounidense calificaron el acuerdo como una «capitulación». Senadores republicanos y demócratas denunciaron que, tras meses de conflicto, Washington terminó aceptando condiciones que fortalecen a Irán y debilitan la posición imperiales en la región.
Pero la importancia histórica de este episodio va más allá de la acción heroica de Irán. Lo que queda en evidencia es una tendencia que se viene desarrollando desde hace décadas, el progresivo agotamiento de la capacidad de Estados Unidos para imponer unilateralmente su voluntad política.
Las derrotas sufridas en Vietnam, Afganistán, Irak, y ahora frente a Irán muestran un patrón común. Estados Unidos continúa poseyendo una maquinaria militar poderosa y destructiva, pero cada vez encuentra mayores dificultades para transformar su superioridad en victorias políticas y militares duraderas.
La comparación realizada por algunos analistas estadounidenses con la Crisis de Suez de 1956 resulta significativa. Así como aquella crisis evidenció el fin de la hegemonía británica, la incapacidad de Washington para doblegar a Irán es el símbolo histórico definitivo del declive de la hegemonía estadounidense en el siglo XXI.
Uno de los elementos más importantes de la experiencia iraní es que demuestra que la resistencia organizada del Pueblo y del Estado, puede neutralizar incluso a adversarios militarmente superiores. Esto fue posible por la unidad nacional frente a la agresión externa, el desarrollo científico y tecnológico soberano, la capacidad de guerra asimétrica, la resistencia económica frente a las sanciones.
Todo esto demuestra que la soberanía es una capacidad material construida durante décadas mediante sacrificios, planificación estratégica y voluntad política.
Lecciones para los pueblos del Sur Global
Para los pueblos de Asia, África y América Latina, la experiencia iraní contiene lecciones de enorme valor.
Durante décadas se difundió la idea de que cualquier país que desafiara los intereses de las grandes potencias estaba condenado a la derrota. Sin embargo, la experiencia de Irán muestra exactamente lo contrario, un país sometido a sanciones, bloqueos, aislamiento diplomático y agresiones militares logró resistir y obligar a negociar a la principal potencia genocida imperialista mundial.
La principal enseñanza es que la soberanía nacional sigue siendo viable. Es posible derrotar la dependencia económica, las presiones financieras internacionales, las intervenciones políticas externas, el saqueo de nuestros recursos etc. La soberanía efectiva requiere construir capacidades propias y desarrollar una estrategia de largo plazo basada en la autosuficiencia, la unidad nacional y la resistencia organizada. Junto a fuertes lazos y alianzas estratégicas regionales como es el “Eje de la Resistencia”.
La victoria iraní debe entenderse también en el contexto de una transformación más amplia del sistema internacional.
El orden unipolar está prácticamente muerto, nuevos centros de poder emergen como son los BRICS, mientras la capacidad de Estados Unidos para actuar como policía y árbitro indiscutido disminuye progresivamente.
La resistencia iraní se inserta en esta tendencia histórica. No representa únicamente una victoria nacional, sino un síntoma del avance de un mundo multipolar donde las naciones del Sur Global poseen mayores márgenes para defender sus intereses y desarrollar proyectos soberanos.
La Contradicción principal del Periodo, Globalismo neoliberal o nacionalismo supremacista versus Soberanía, es la piedra angular de las luchas de nuestros tiempos. Los Pueblos Vencerán!!
*Coordinador Nacional de izquierda Soberanista y Secretario Político del Partido del Trabajo de Chile.









