Chile. Con una ayudita de Dios

por Luis Casado

En numerosas oportunidades te he dado el coñazo con las boludeces que les sirven de teoría económica a los neoliberales. De la Concertación, del FA o de los actuales neonazis tanto da: la misma jeringa con distinto bitoque.

Una de ellas, boludeces digo, pretende que el libre mercado lleva la economía a un apacible equilibrio de manera natural gracias a la llave maestra: la Ley de la oferta y la demanda.

De ahí que los titulares de El Mercurio de hoy, 10 de septiembre, huelan a responso de funeral, a discurso mortuorio de tipo “P’tas qu’era güeno el finao, hoy nos deja un vacío enorme, pero también la certeza de haber compartido el camino con alguien extraordinario. Tu luz sigue en nosotros. Descansa en paz…” y esa suerte de lugares comunes tan comunes en velorios, exequias y evocaciones de tanatorio. Mira ver:

Reactivación económica. Desafío urgente. Reforma de capitales busca facilitar el acceso a la vivienda: incluirá un bono estatal para el pie y un fondo para bajar las tasas hipotecarias.”

En este titular se constata el deceso del libre mercado de la vivienda, que librado a sí mismo tiene cientos de miles de familias viviendo en la calle. Allí donde la oferta y la demanda hubiese debido motivar a los dinámicos empresarios a construir tales viviendas… que nenni!, niente, nulla, neanche un poco, todo lo cual en buen romance quiere decir: ¡callampa!

De ahí las numerosas tomas de terreno, las consiguientes expulsiones, la intervención siempre agresiva de Carabineros que para eso están, y el drama de millones de pringaos forzados a vivir en la calle lo que no se veía ni en la Edad Media.

Pero hay más. La reforma de capitales incluirá un bono estatal para el pie, lo que en el coa chilensis pone en evidencia el fallecimiento de la Ley de la oferta y la demanda que hubiese debido guiar los salarios a un equilibrio tal que su monto le permitiese a las familias reunir el billete necesario para pagar la primera cuota de la adquisición de una ruca.

Como no es el caso, el Estado –sí, sí, lee bien, el Estado– interviene el mercado aportando un “bono para el pie” cuyo monto global alcanza la módica suma de U$ 2 mil millones. En castellano castizo “bono para el pie” evoca un masaje en las patas, pero no: el Estado se ve forzado –cagándose en el libre mercado– a financiar parte del costo de la cuota destinada a facilitar la firma del contrato de compraventa. ¿A quién beneficia? ¿Al empresario o a las familias?

Adam Smith debe estar como pirinola en su tumba, para no hablar de Milton Friedman y otros eminentes premios Nobel de economía a la tócame los bemoles.

Hay que reconocerle al amanuense del Mercurio su capacidad para decir tanto con tan pocas palabras. Porque termina agregando algo que pone la actividad financiera a la altura de Shylock (personaje de El mercader de Venecia de William Shakespeare) quién exigía una “libra de carne” del cuerpo de su deudor si este no pagaba a tiempo, y es el arquetipo universal de la usura implacable: la reforma de capitales incluye “un fondo para bajar las tasas hipotecarias.”

Esto equivale a acusar a los bancos de practicar el oficio del usurero, al libre mercado no solo de permitirlo sino también de generar las condiciones para la inexistencia del “apacible equilibrio”, junto con reconocer que las tasas hipotecarias son una mierda que atenta contra la simple posibilidad de soñar con la casita propia.

Tanto leer a Karl Marx, a Friedrich Engels, a Vladimir Ilich Lenin y a una jartá de luchadores sociales… para finalmente llegar a la conclusión de que –de vez en cuando– El Mercurio no miente.

El infaltable e inenarrable Jorge Quiroz, ministro de Hacienda del boliche, aporta a su vez una confesión que no por parcial deja de tener una pesada carga de remordimiento, mala conciencia y movida de auto-imputabilidad, esa capacidad mental y psicológica para entender la ilicitud de su acción y para establecer una línea de defensa penal. El Quiroz declara:

Uno no puede cambiar la economía de la noche a la mañana” (sic).

Tú lo pones como te salga del género, pero Quiroz confiesa –nolens volens– que ni siquiera con la pinche ley de reconstrucción podría cambiar su arquetípica inutilidad de ministro al pedo.

Entretanto, omitió referirse a la “coyuntura” que, simple coincidencia, no se presenta muy prometedora. La inflación se acelera y no tiene cara de tener frenos ergo los BC aumentan las tasas de interés, la guerra por cojones de Donald en el Medio Oriente agarró vuelo nuevamente, los hutíes controlan el estrecho de Bab-el-Mandeb, el desempleo crece que es un gusto y no lo para ni con suicidios (subsidios, suicidios… ¿tú ves la diferencia?), el cambio climático promete un Niño crecidito y destructor, el tan mentado crecimiento desapareció en combate… al tal punto que el mismo Mercurio (¡qué portada ché, qué portada!) titula:

IpoM: otro año mediocre

El freno de 2026 ya no admite sólo explicaciones climáticas o mineras. Fue la demanda la que se apagó

Todo lo cual augura mal de la Ley de Presupuestos de Su Poquedad Quiroz, que la anunció austera, restrictiva, severa y rigurosa, o para decirlo con una expresión vernácula de un pasado reciente “Más cagada que palo de gallinero”. Lo que faltaba para generar una recesión como se pide.

De modo que me puse a rezar y a encender velas. Confiado en que, como me dijo un cura amigo “los rezos y los cirios de los ateos cuentan doble”.

¡Que el Pulento nos pille confesaos!

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