Colombia. Escombros y resistencias
A estas salidas populares e inmediatas, el Estado responde con brutalidad policial y militar
A estas salidas populares e inmediatas, el Estado responde con brutalidad policial y militar
Como también han señalado muchos analistas, y de manera similar a lo ocurrido en 1982, con la puesta en escena nacionalista Milei busca correr el foco de los problemas más angustiantes para la inmensa mayoría de la población.
Aprendería entonces algo de política, pero también algo mucho más incómodo: que detrás de la historia de los grandes acontecimientos existen historias pequeñas que no aparecen en los libros.
Preguntamos directamente: ¿seguir órdenes era desnudar a mujeres para torturarlas? ¿era aplicar corriente eléctrica? ¿Fue una orden producir abortos en prisioneras embarazadas para prevenir enemigos futuros? ¿azuzar animales contra mujeres amarradas e indefensas, también fue una orden? ¿Quemar, golpear, atropellar con vehículos, violar, obligarnos a mirar como torturaban a nuestros seres queridos cuando la violencia en nuestros cuerpos no bastaba, era cumplir una orden?
La falta de una base ideológica ha determinado que el gobierno de esta derecha termine en manos de un comerciante de las modernas tecnologías de la información.
Porque la Revolución no es un gobierno. Es un pueblo que se niega a arrodillarse.
Colombia se encuentra en una nueva fase de la reingeniería neocolonial estadounidense en Nuestra América.
Mientras que las ganancias antes de impuestos como porcentaje de los ingresos nacionales alcanzaron el 18 %, la mayor proporción después de la Segunda Guerra Mundial, la parte de los empleados en salarios y beneficios cayó al 60 por ciento, el nivel más bajo desde la década de 1950.
La historia que aquí se documenta no es solo pasado. Es una interpelación directa a nuestro presente y a nuestro futuro.
Los resultados de los exámenes dan cuenta del exiguo desempeño de la mayoría de estudiantes, así como de la alta brecha entre clases sociales, género y en los territorios.