Chile. Ante los dichos del asesino y torturador Miguel Krassnoff

por Corporación Ex Prisioneras Políticas La Barraca, 3 y 4 Álamos

Somos mujeres que sobrevivimos al secuestro, la tortura y el cautiverio político durante la dictadura civil militar. Muchas de nosotras, después de pasar por los centros secretos de la DINA, llegamos a la Barraca, en el campo de prisioneros y prisioneras políticas de Tres y Cuatro Álamos.

Somos testigos directas de la desaparición de compañeros y compañeras de prisión, de operativos represivos coordinados desde las estructuras de la DINA que Krassnoff integró y dirigió. También, de asesinatos y montajes como el de Rinconada de Maipú. Estos hechos no son historias aisladas: son piezas de un mismo patrón sistemático de exterminio y encubrimiento que hoy exponemos con nombre y responsabilidad.

Miguel Krassnoff se burla al decir «solo obedecí órdenes». Es la misma frase que la humanidad ya rechazó hace ochenta años, desde los Principios de Núremberg hasta el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional, pasando por la jurisprudencia reiterada de nuestra propia Corte Suprema.

Preguntamos directamente: ¿seguir órdenes era desnudar a mujeres para torturarlas? ¿era aplicar corriente eléctrica? ¿Fue una orden producir abortos en prisioneras embarazadas para prevenir enemigos futuros? ¿azuzar animales contra mujeres amarradas e indefensas, también fue una orden? ¿Quemar, golpear, atropellar con vehículos, violar, obligarnos a mirar como torturaban a nuestros seres queridos cuando la violencia en nuestros cuerpos no bastaba, era cumplir una orden?  Nada explica ni justifica el ensañamiento sexual y físico que se ejerció contra nosotras. Eso se decide, se planifica y se ejecuta con crueldad deliberada y constituye un crimen contra la humanidad: La Violencia Política Sexual.

Recordamos a Lumi Videla, asesinada bajo el mando de Krassnoff y cuyo cuerpo fue arrojado al interior de la embajada de Italia. No olvidamos a Diana Arón, cuya muerte tuvo un grado de sevicia que no admite lectura alguna como acto de disciplina militar, y en la que Miguel Krassnoff está acusado directamente. Nos acompaña el recuerdo de Catalina Gallardo, asesinada luego de ser brutalmente torturada junto a su familia. En nuestra memoria están todos los hombres y mujeres desaparecidas y ejecutadas por la DINA. Krassnoff es penalmente responsable y la corte en Chile le ha condenado a más de mil años de prisión efectiva.

La impunidad frente a un torturador como él nos dice que la justicia puede administrarse a medias cuando el poder lo decide, daña a todo un pueblo, porque cada vez que un criminal no cumple su condena, se les dice a las víctimas y a sus familias que su dolor vale menos que la comodidad de mirar hacia otro lado. Nosotras no vamos a mirar hacia otro lado. Llevamos esta memoria por décadas y seguiremos resistiendo al olvido y al negacionismo.

«La orden no lo absuelve. El crimen lo condena.»

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