Elkano, la circunnavegación y el capitalismo vasco

por Iñaki Gil de San Vicente.

Texto a defender en la charla-debate del próximo jueves 2 de diciembre de 2021 en el kultur etxe de Lekeitio a las 18:00

«Como unos puercos hambrientos ansían el oro», dice el texto náhuatl preservado en el Códice Florentino». 

Eduardo Galeano. Las venas abiertas de América Latina. Siglo XXI. Madrid 1985, p. 27.

1.-

En 2022 se cumple el quinientos aniversario de la primera circunnavegación del globo que había comenzado en 1519. Fue un paso de gigante en el avance de la mundialización del joven capitalismo mercantil que podía así ampliar las vías necesarias para la explotación atroz e implacable de fuerza de trabajo y saqueo de recursos. La naciente burguesía vasca salió muy beneficiada por el resultado del viaje no tanto porque Juan Sebastián de Elkano fuese el capitán en la última parte del periplo y por la relativamente alta participación de otros vascos en la expedición, sino porque las ganancias obtenidas fueron enormes y porque las posibilidades abiertas con el descubrimiento de la nueva ruta favorecían sobremanera la expansión de la industria del hierro, de los barcos, de las armas…, del capitalismo vasco, en suma. Todo indica que el gobiernillo vascongado quiere montar una campaña de propaganda manipulando la historia. También otros sectores sociopolíticos diferentes tienen proyectos al respecto. 

La izquierda comunista e independentista no debe permanecer al margen de este «combate por la historia». No puede caer en el error mayúsculo cometido sobre todo por EH Bildu en 2016 cuando permaneció pasiva ante la verdadera invasión ideológica que significaba el mercadillo cultureta y monárquico de Donostia’16, supuesta «capital cultural de Europa» que ha servido para recrudecer la guerra político-cultural que como pueblo sufrimos desde hace demasiado tiempo. Lo primero que debemos hacer es contextualizar la persona y obra de Elkano en el complejo entramado de contradicciones patriarcales, de clase y etno-nacionales en las que vivió. Elkano fue una pieza más del proceso de integración de la oligarquía de Hegoalde en el Estado español después de que la invasión de Alfonso VIII arrancara Araba, Bizkaia y Gipuzkoa del Estado de Navarra en 1200. 

2.- 

Con el paso del tiempo, la clase dominante vascongada estrechó lazos con la Corona: la muy rentable pesca de la ballena contaba con el apoyo real, por lo que en 1327 Zarautz le cedía una parte de sus beneficios. A la vez, la Corona ayudaba a crear ferrerías en unas zonas mientras que protegía de la competencia a las ya existentes en otras zonas, todo ello dentro de tensiones sociopolíticas y económicas. La participación de marinos vascos en la invasión y ocupación de Sevilla a mediados del siglo XIII avanzaba en la integración. La Peste Negra de la mitad del siglo XIV agravó sobremanera el empobrecimiento que venía de finales del s. XIII. En Nafarroa, por ejemplo, desde 1350 estallaron resistencias que en 1357 pasaron a motines aplastados con asesinatos y confiscaciones represivas. La crisis agudizó la lucha entre facciones de la clase dominante: desde 1362 y hasta 1443 se produjeron enfrentamientos mortales entre Bilbo y Bermio, y desde 1402 en Gasteiz, por citar unos casos. 

En Vascongadas, la refeudalización impulsada por la Corona desde 1369 cercenó libertades de las clases trabajadoras, generando resistencias en ascenso que dieron paso, por citar dos, a la quema de casas nobiliarias en el valle de Léniz en 1423, así como el duro pleito desde 1488 en Aramaiona que se reactivó en 1527. La defensa de los bienes comunes y de los derechos consuetudinarios atacados por al refeudalización, por un lado; los choques internos al bloque de clases dominante por otro, y la misma lógica expansiva del proto capitalismo mercantil con la nueva lucha de clases a él unida, este conjunto de contradicciones condicionaba la aprobación del primer fuero general de Gipuzkoa en 1397; de Bizkaia en1452, y de Araba en 1463. 

Hasta finales del siglo XV estas y otras muchas violencias y escrituraciones que fijaban la fuerza legal de las facciones más poderosas de la clase dominante, que también se dieron en Ipar Euskal Herria, se libraron dentro de la llamada «guerra de bandos», una compleja lucha de clases en la que chocaron nobleza con nobleza, nobleza con campesinos y nobleza con burgueses apoyados por sectores urbanos, artesanos y hasta campesinos, fuerzas sometidas a las contradicciones nuevas del proto capitalismo. La Corona, necesitada de hierro, armas y barcos, apoyó a la burguesía, desarmó a la nobleza y reprimió a la «gente del común». El poder quedó en manos de la oligarquía: en Azpeitia sólo el 10% de la población podía optar a cargos municipales. El bloque social en el poder y la Iglesia comprendieron el enorme peligro de las reivindicaciones básicas que también se expresaban en la reprimida «herejía de Durango» en 1442-1445 que insinuaba parte de lo que luego sería definido como «protestantismo».

Mientras tanto y a la vez que se afianzaba el poder de la Corona en Vascongadas con resistencias de algunas ciudades como Gasteiz en 1498, en 1512, 1516 y 1521-1524 se libraron las tres guerras de invasión del Estado de Nafarroa, en las que la burguesía y la nobleza vascongada tomaron parte al lado de la Corona, defendiendo la estratégica población de Hondarribia asediada por el ejército franco-vasco que luchaba para recuperar la independencia e integridad de su Estado. En términos actuales, fue una «guerra civil» entre vascos en la que la oligarquía mercantil ansiaba quedarse con un trozo del botín que desde los «Reyes Católicos» la Corona obtenía en Nafarroa. 

Una facción pequeña de la oligarquía salió a favor de los comuneros de Tordesillas en la guerra contra Carlos I en 1521. Podría decirse que esa facción asumía la defensa de algunos o bastantes de los derechos forales defendidos por los comerciantes menores, artesanos, campesinos y nobleza pequeña que veían el peligro del fuerte centralismo de Carlos I. La revolución comunera aunaba componentes burgueses, de baja nobleza, artesanos y campesinos unidos por reivindicaciones sociales muchas de ellas radicales, democráticas, administrativas y fiscales en contra de los abusos y privilegios, de la extranjerización del poder real, y tuvo su centro fundamental en Castilla. La gran parte de la oligarquía vascongada, por el contrario, apoyó a Carlos I que, además de corrupto, era profundamente reaccionario. Las derrotas de la Rebelión Irmandiña galega en 1467-68, de las Germanías catalanas de 1519-23, de la revolución comunera, etc., repercutieron a medio plazo en las crisis crónicas que pudren al Estado español. 

Por su parte, el bloque de clases dominante vascongado también comprendió que su poder dependía de su integración en una Corona opuesta a cualquier veleidad modernizadora, pero manteniendo sus derechos forales anteriores, que se remontaban a las escrituraciones de finales del s. XIV y comienzos del XV como hemos visto. Derechos que reflejaban las relaciones de fuerza en la lucha de clases y dentro de la clase dominante, y también del endurecimiento de la explotación y represión de las mujeres campesinas, trabajadoras, que desembocaría en la barbarie de la Inquisición. Parte del principio de «hidalguía de los vascos» tiene su origen en esta dialéctica de contradicciones. Durante estos largos decenios se había creado la ideología que justificaba por qué hombres de la oligarquía podían y debían «hacer fortuna» trabajando al servicio de la Corona, en su administración, Iglesia y ejércitos, defendiendo a la vez sus derechos como clase dominante en Euskal Herria. 

Una confirmación la tenemos en la circunnavegación en la que participó Juan Sebastián de Elkano que llegó como capitán no porque fuera el más apto, sino porque uno a uno habían muerto o abandonado todos los capitanes de rango superior, empezando por Magallanes; pero la participación vasca fue proporcionalmente una de las más altas de la expedición teniendo en cuenta la pequeñez del País: dos de sus cinco naves, la Trinidad y la Victoria se votaron en la costa vasca yendo muy bien armadas, alrededor del 40% del total. Para 1519 Elkano era un fiel servidor del proto capitalismo mercantil vasco integrado en el imperio español porque había participado en la conquista de partes de Italia a principios del s. XVI y en la de Orán, Trípoli y Bugía en 1508, operación muy importante para controlar el Mediterráneo. Al final sólo llegó la nao Victoria, pero el valor de las especias que traía en sus bodegas superó con creces la enorme inversión previa gastada en el viaje. 

Fueron estas condiciones tan favorables para la burguesía mercantil las que explican que, en la primera mitad del siglo XVI, según cálculos, el 15% de la producción de hierro en Europa se realizase en Gipuzkoa y Bizkaia, con un 30% de su población trabajando en esa industria, con algo más de 300 ferrerías en acción, sin contar las del resto Euskal Herria. Las ferrerías prestaban especial atención al proceso productivo: en Arrasate se impusieran controles de calidad, medidas que fueron aprobadas en Juntas en 1559 mejorando las regulaciones que se remontaban a finales del siglo XIV y que se extendieron durante el s. XV. Con tanta producción de buen hierro y con tantos bosques disponibles, la industria naviera comercial y militar se convirtió en otro puntal capitalista. Pero, sobre todo, el secreto radicaba en el fuerte dominio sociopolítico de la oligarquía lo que facilitaba la explotación de la fuerza de trabajo. En la Europa del momento, el salario medio descendió un 50% en el siglo XVI, lo que, al margen de fluctuaciones puntuales, azuzaba desde dentro el malestar popular que estallaba cuando al empobrecimiento creciente se le sumaba el aumento de la represión de otros derechos, como sucedió en Oñate en 1538, en Larraga en 1592… 

Lógicamente, hubo tensiones y choques entre por una parte la oligarquía y por otra el campesinado y los pequeños jauntxos: la primera quería dedicar los bosques comunes a producir la madera especial que necesitaba para sus barcos y armas, mientras que el pueblo los necesitaba tal cual eran para alimentar a su ganado, alimentarse él, obtener leña, etc., al igual que la pequeña nobleza agraria. Ya entonces la lucha de clases tenía contenidos esencialmente idénticos –energía, alimentación, salud, ecología…y sobre todo la forma de propiedad pública versus privada– a los actuales, variando sus formas y obviando que no había irrumpido la industrialización capitalista con su ciega exigencia de privatización absoluta –desposesión– de todos los bienes comunes. 

Aunque en la segunda mitad del siglo XVI la competencia belga y sueca más las guerras entre Holanda e Inglaterra empezaron a debilitar las exportaciones, bien pronto la burguesía vasca se las ingenió para rentabilizar el exterminio de Nuestramérica volcándose en el imperialismo español. Cuarenta años después de la llegada de Elkano, en 1562 López de Legazpi dirigió una larga expedición guiada por la idea de Andrés de Urdaneta, fraile agustino, creando el tornaviaje entre Filipinas y México. Sería conveniente narrar un poco cómo fueron aplastadas las resistencias de los pueblos «descubiertos» a raíz de la circunnavegación y el tornaviaje, pero no tenemos espacio, Habían fracasado cinco intentos, pero el sexto abrió otra vía de gran enriquecimiento para la burguesía vasca sobre todo en el siglo XVIII. En 1593 Felipe II concedió la exclusividad de la «carrera de Indias» a la burguesía vasca, prohibiendo la competencia de barcos andaluces. Para entonces, los comerciantes vascos ya eran apreciados por sus conocimientos «técnicos» en el muy lucrativo negocio de la trata de esclavas y esclavos, como veremos. 

Culminaba así la primera fusión entre bloques de poder peninsulares en la fase mercantil del capitalismo. Pero también se había producido una fusión cultural, ideológica, religiosa y ético-moral que sería una de las bases del nacional-catolicismo españolista del presente, con la participación muy activa de destacados vascos en el genocidio sociocultural de Nuestramérica y de las Filipinas. Ignacio de Loiola, herido en Pamplona en 1521 mientras ayudaba a la destrucción del Estado de Navarra, fundó en 1534 la Compañía de Jesús, arma decisiva en la Contrarreforma, que creó grandes empresas comerciales en Nuestramérica en los s. XVII y XVIII. Las Reducciones eran instrumentos de «pacificación» de las muy orgullosas naciones indias, que una vez cristianizadas actuaban como carne de cañón en las represiones de las naciones libres, paganas, y en las guerras entre facciones colonialistas.  

Javier de Jaso y Azpilikueta, jesuita, abanderó la penetración católica de Japón y China donde murió en 1552. La Compañía abrió la puerta al colonialismo exterminador de decenas de millones de personas «a la mayor gloria del dios» y de Occidente. En 1547 fue nombrado arzobispo de México Juan de Zumárraga, fraile franciscano perseguidor de brujas y en México estratega en el aniquilamiento por terror y tortura de la civilización azteca. Otras figuras vascas provenientes en su mayoría de las clases dominantes y destacadas por extender la violencia europea fueron, por ejemplo, Lope de Agirre, muerto en 1561, asesino, parricida, psicópata y sádico; Catalina de Erauso, la Monja Alférez, muerta en 1650 que fracasó en su feroz intentó de esclavizar a la nación mapuche para enriquecerse ella y la Corona, recibida por el papa Urbano VIII y el emperador Felipe III, etc.  

No podemos extendernos en personales como Okendo, Blas de Lezo, Txurruka y otros «hombres de armas» al servicio de la violencia opresora, ni tampoco en los poco visibles pero muy efectivos «secretarios de su Majestad», burócratas del Imperio formados en la eficacia administrativa del capital mercantil vasco a sueldo, prebendas y privilegios de la Corona. Por ejemplo, la preparación de la llamada Armada Invencible movilizó a la oligarquía vasca con la esperanza de obtener inmensas ganancias invadiendo a sangre y fuego Inglaterra en 1588. Por debajo de la pugna dinástica, lo que estaba en juego era la necesidad del Imperio por destruir cualquier fuerza entonces progresista en el contexto europeo de las reformas protestantes, en este caso la radicalización burguesa que se estaba dando en Inglaterra y que estallaría decapitando a un rey tan sólo sesenta años después. Inglaterra comprendió muy bien el peligroso potencial económico-militar de la costa cantábrica y, tras la derrota imperial, contraatacó para destruir los puertos de Donostia, Santander y A Coruña. Otro tanto debemos decir con respecto a su participación en las guerras contrarrevolucionarias para ahogar en sangre el ascenso burgués y en especial las demandas radicales de las clases explotadas.  

En 1700 el saqueo, expolio, limosnas y rentas de las empresas eclesiásticas en Nuestramérica daban ganancias suficientes como para mantener buena parte de la burocracia católica en el Estado español, Portugal e Italia. Pero no era sólo la Iglesia la beneficiada, sino que el opio religioso facilitaba la acumulación proto capitalista tanto en su significado material como ideológico. Ya desde el siglo XV algunos católicos italianos relativizaban por la puerta de atrás y en voz baja la condena de la usura, luego otros recurrieron a los «intereses extrínsecos» para justificar junto con la usura la explotación asalariada y para finales del s. XVIII Roma asumía con hechos la licitud ético-moral de la explotación, de la misma forma que casi la totalidad del cristianismo toleraba la esclavitud que tantos beneficios le daba. La oligarquía vasca se reforzaba y refuerza con esta «plusvalía ideológica» que dopaba y dopa a amplias franjas sociales en la obediencia pasiva; justifica el colonialismo y el imperialismo con la excusa de la evangelización; y les encadena mentalmente al Estado del Vaticano, potencia socioeconómica y sociopolítica con uno de los mejores sistemas de espionaje y guerra cultural, sostén moral del imperialismo franco-español. En la última parte volveremos sobre este tema. 

3.- 

La gallina de los huevos de oro, Nuestramérica, llegó a su pico de explotación a comienzos del siglo XVII, y para 1650 el botín se había reducido a la mitad del de 1550. La caída se intensificó para comienzos del siglo XVIII cuando sólo llegaron a Sevilla 8 navíos con 2500 toneladas, cuando en 1600-1604 arribaron 55 buques con 22.000 toneladas. Las bancarrotas de 1647 y 1652 muestran la quiebra del Estado, que se confirma con la victoria militar de Portugal y su independencia en 1668. Las crisis en Andalucía y Països Catalans son otro ejemplo. Los beneficios se desplomaron y los grandes prestamistas europeos apenas se fiaban del Estado porque, entre otras cosas y en comparación a otros países, había abandonado la economía productiva excepto en naciones oprimidas como Hego Euskal Herria, los Paísos Catalans, zonas de Andalucía y casi nada más. Una indiferencia por la producción de valor tanto más grave por cuanto que Holanda, Inglaterra, Estado francés, etc., potencian la producción de valor. 

Holanda, que se ha independizado de España gracias a una feroz y larga guerra de liberación nacional liderada por su burguesía, impulsa la energía eólica y animal para multiplicar los aserraderos, grúas, fundiciones, ramifica canales para transportar mercancías con rapidez y baratura; facilita el librepensamiento y la ciencia, racionaliza el saqueo colonial y muy en especial crea la banca de Ámsterdam dándole el monopolio del cambio. Inglaterra crea hornos de fundición, grandes martillos hidráulicos y otras industrias con decenas de trabajadores, coordina la producción textil a domicilio con miles de familias asalariadas, organiza una fuerte marina que derrota a Holanda en varias guerras, todo lo cual exige un Estado ágil que recaude impuestos, etc. Su control y el del gasto público hacen que la burguesía se enfrente a Carlos I, que es decapitado en 1649 en una revolución. Para estabilizar el poder y derrotar a la izquierda comunalista, la burguesía apoya la dictadura de Cromwell que le sirve para lanzar una ofensiva colonial que se extiende por todos los mares, hasta sufrir la derrota de la revolución burguesa yanqui de 1775-1781. 

El Estado francés también se abre al capitalismo bajo la monarquía absoluta con la estrategia colbertista; reprime al campesinado y trabajadores empobrecidos, vagabundos, etc.; instala talleres estatales; debilita a la nobleza y deja crecer a la burguesía hasta que esta se rebele a finales del siglo XVIII. Pero antes, en el País Vasco bajo dominación francesa, la importante ciudad de Baiona es escenario de revueltas entre 1590 y 1665. El campesinado se amotina en 1637 destruyendo el castillo de Ezpeleta, después de que surgiera una resistencia pacífica rechazando los impuestos señoriales en Lapurdi, pero la reacción señorial no impide que estalle una guerra civil en 1655-1659; al poco se subleva Zuberoa en 1661, de nuevo Lapurdi en 1669-1671, y de aquí en adelante una larga lista de protestas, huelgas, motines y rebeliones hasta el mismo final del siglo XVIII. La defensa de los bienes comunales, de los derechos forales, la lucha contra la prepotencia y los abusos de toda índole, por ejemplo, contra la represión de la brujería, impulsa estas luchas populares en las que las mujeres están en primera línea de fuego como en Lapurdi entre 1773 y 1784. 

Mientras tanto, el declive medio español golpea a las clases trabajadoras, exprime a la mediana burguesía y presiona cada vez con más fuerza para recortar o liquidar los fueros vascos, todo con tal de recaudar dinero para taponar las vías de agua. Ya en 1634 la rebelión de la sal mostró cómo el pueblo trabajador vasco sufría los costos del comienzo de la decadencia, como hemos visto. En la Guerra de Sucesión los borbones derrotan a los austracistas, y desde 1707 con los Decretos de Nueva Planta aplastan los derechos nacionales de Aragón y Països Catalans, centralizan el Estado en todos los sentidos, e imponen la lengua española como lengua única. En su esfuerzo por reactivar le economía en 1728 permiten la creación de la Compañía Guipuzcoana de Caracas activa hasta 1785, facilitándole la explotación de las Filipinas ya que muchos productos asiáticos eran llevados a Caracas desde la costa americana del Pacífico, con lo que a la vez ganan para la causa españolista a un sector de esa burguesía mientras que intentan cercenar el derecho foral en el último tercio del siglo XVIII. 

Además de la explotación de las clases trabajadoras y de otros medios, la Compañía permitirá a la burguesía vasca capear mal que bien los temporales de la decadencia imperial. Aparte de la Compañía, otra forma de acumulación de capital fue la trata humana. En los siglos XVII y XVIII al menos el 10% de la población sevillana estaba esclavizada, siendo la burguesía vasca una de las más beneficiadas por esa inhumanidad que se mantuvo muy rentable hasta el siglo XIX, cuando Irún fue uno de los centros más efectivos de comercialización de la esclavitud en todas sus formas que aún llegaba de Cuba, donde los esclavistas vascos o descendientes de vascos se habían hecho terriblemente famosos, como el muy católico Julen Zulueta, con más de 2000 esclavas y esclavos, decenas de viajes trasatlánticos llevando niños y niñas africanas. Zulueta fue ennoblecido y llegó a ser una de las diez personas más enriquecidas en el Estado español. 

De este modo, la crisis golpea fundamentalmente al pueblo trabajador vasco tal cual existía en aquel período: desde la matxinada de 1718 hasta la zamakolada de 1805 se suceden una tras otra multitud de pequeñas resistencias aisladas que, de mil modos, dan cuerpo a grandes estallidos como en Gasteiz en 1738, la matxinada de la carne de 1755, la del grano de 1766, la de Gasteiz de 1803, por citar algunas. La oligarquía vasca interviene activamente en las represiones suaves o salvajes de estas luchas y cuando no puede con ellas, recibe la inestimable ayuda de la Corona. La Real Sociedad Vascongada de Amigos del País, un club de burgueses ilustrados ideado en 1763 con el objetivo de activar la economía y modernizar la cultura, interviene activamente en la represión de las luchas. Desde 1774 la Corona española adaptará este modelo a muchos sitios del Estado. Hemos visto cómo desde 1707 se intensifica la españolización que va endureciéndose hasta que en 1805 se vuelve a prohibir la edición de libros en otras lenguas que no sean la española, lo que no es obstáculo para que empresarios vascos escriban sus cartas comerciales en euskara. 

Los borbones españoles imponían por la fuerza las medidas de los borbones franceses para crear un Estado-nación burgués, pero evitando una revolución burguesa. El capitalismo estatal apenas podría crecer sin una cohesión nacional-burguesa que alienara a las clases trabajadores, españolizase a las naciones oprimidas no españolas, crease un mercado con una moneda y un sistema de pesas y medidas único, etc., todo ello centralizado en Madrid. Conforme aumentaban las resistencias en Nuestramérica y el Estado se retrasaba con respecto a las grandes potencias competidoras, crecía la urgencia de uniformizarlo: un Estado, un mercado, una moneda, un ejército, una cultura, una monarquía, una Iglesia… todo ello cimentado por una densa y flexible red de corrupciones e incompetencia

4.- 

Para 1805 la revolución industrial ya estaba asentada en Gran Bretaña en parte gracias a la inhumana explotación colonial de la India y de otros países. Desde 1802 Napoleón intentaba industrializar el Estado francés a marchas forzadas utilizando la guerra y la explotación interna. Por su parte el Estado español se rezagaba más y más debilitado por una enorme deuda incrementada desde finales del siglo XVIII. Una de las soluciones aplicadas desde finales del s. XVIII y comienzos del s. XIX fueron los intentos de desamortizaciones, es decir, de expropiar tierras y propiedades improductivas, y bienes comunes necesarios para el campesinado, entregándolos por un módico precio al Estado y sobre todo a la burguesía. La sucesión de guerras, represiones y castigos que se intensificaron en Euskal Herria desde 1789 con la revolución burguesa francesa, obligaron a los poderes locales y de los Territorios a mal vender grandes cantidades de bienes comunales que enriquecieron sobre todo a la oligarquía. 

A esto hay que sumarle los efectos del hundimiento del imperio español entre 1810 y 1830, que sembró el pánico en el bloque de clases dominante ante la próxima independencia de Cuba, Puerto Rico, Filipinas… Una de las medidas desesperadas del gobierno de Madrid para ganar la guerra de 1833 a 1839 contra Hego Euskal Herria, fue la desamortización organizada por Mendizábal en 1836-1837. Derrotados los y las vascas, en 1841 la ocupación militar logró destruir derechos forales básicos como el de aduanas, subiéndolas hasta los puertos de mar. La economía tuvo que adaptarse a las nuevas condiciones, surgiendo así el embrión del maquinismo industrial lo que facilitaría su tremendo desarrollo desde 1890 en adelante. El campo es el más perjudicado por las leyes de 1841 y 1845 que liquidan los controles de precios, aumentan los impuestos, envalentonan a la burguesía rural, etc. 

Las desamortizaciones de 1841 y 1854 hicieron que para 1855 estuvieran privatizados alrededor del 60% de los bienes comunes, salvándose aún el otro tercio de menor calidad, lo que no evitaría que siguieran privatizándose. Viendo todo esto se comprende que fuera tan desesperada la guerra de 1872-1876 y tan brutal el ataque español porque, entre otros objetivos, el capitalismo necesitaba urgentemente desamortizar el subsuelo, imponer la ley de minas pensada en 1868-1876. Las guerras contra Marruecos de 1859-1860 y contra Perú, Chile, Ecuador y Bolivia en 1865-1866 habían empeorado la situación económica del Estado, que necesitaba recuperarse rápidamente.  Las riquezas mineras, a disposición controlada del pueblo y el sistema foral, tenían que ser sólo propiedad privada del capital. Si bien la primera ley de minas era de 1825 ampliada en 1849 y 1859, la oposición fue tan tenaz que la burguesía tuvo que esperar a la segunda invasión de 1876 para que, con su fuerza militar, fuera obedecida y cumplida la ley de 1868. 

Los funcionarios del Estado vieron en 1876 qué difícil era compaginar la administración foral vasca con la española, en medio de un boicot popular. Cánovas tuvo que ceder parte del botín a la burguesía vasca para que esta administrara el País pagando un tributo al ocupante: era el Concierto Económico, el primero del cual entró en vigor en 1878. Con esta baza en la mano más la protección militar, el capitalismo lo avasallaba todo, provocando como respuesta obrera y popular, manifestaciones, huelgas parciales y generales, motines, sublevaciones e insurrecciones revolucionarias reprimidas por el ejército, los grupos de matones a sueldo de la patronal, los forales y mikeletes a las órdenes de las Diputaciones. En 1890 fue la primera Huelga General, aplastada militarmente. 

La independencia formal de Cuba y Filipinas disimulaba la nueva dominación yanqui. Fue mazazo para la burguesía vasca que, empero, nunca abandonó la esperanza de volver a enriquecerse explotando a Nuestramérica, de hecho, siempre hubo empresas vascas allí. La solución por la que opta es volcarse aún más hacia el mercado español desde comienzos del siglo XX, pasando a ser una de las burguesías decisivas para el nuevo intento de crear el marco de acumulación de capital llamado España en la fase imperialista. Por otra parte, la pequeña burguesía arruinada que empezaba a crear su nacionalismo conservador, optó por EEUU creyendo que le ayudaría a romper con la Corona española como había «ayudado» a cubanos y a filipinos mediante el abrazo del oso. Desde entonces, este nacionalismo pequeño burgués devenido en regionalismo autonómico ha sido y es fiel al imperialismo. 

En la Huelga General de 1903 el general Zappino al mando de un Regimiento de Artillería de Montaña, negoció por su cuenta con los obreros debido a la ineficacia de la patronal, llegando a unos acuerdos que la burguesía bilbaína debía aceptar. En la Huelga General de 1906 es el propio rey español, que veraneaba en Donostia, quien interviene a petición de la patronal para llegar a un acuerdo con la clase obrera, que la burguesía incumplió. La Huelga General de 1910 fue la respuesta popular a este incumplimiento, y de nuevo los obreros negocian la solución con el general Aguilar que dirige el Estado de Guerra y con Merino, ministro de la Gobernación. 

Como se aprecia, el orden burgués vasco se sostenía sobre un poder militar español con gran autonomía sociopolítica, era un capitalismo militarizado precisamente cuando terminaba de hundirse el imperio y empezaba la fase imperialista. La guerra mundial de 1914 paralizó por un tiempo la lucha de clases en su forma externa, pero para 1917 ya se entreveían conflictos sociales. Mientras tanto y desde 1909 la resistencia norteafricana al imperialismo franco-español debilitaba al Estado llevándolo a una situación crítica con la derrota de Annual de 1921, lo que agudizó al extremo todas sus quiebras porque en ese año estalló una crisis que azotó durante un tiempo a la economía. La dictadura de 1923-1929 fue una huida hacia adelante para ocultar bajo el miedo la gravedad de la situación, pero solo consiguió empeorarla porque, por un lado, en ese mismo año irrumpió la segunda Gran Depresión mundial; por otro lado, las luchas obreras, campesinas y nacionales instauraron la II República en 1931 y en 1934 se lanzaron a la Insurrección de Octubre; y por último, el imperialismo español preparaba la contrarrevolución de 1936. 

De nuevo, la burguesía vasca optó casi en su totalidad absoluta por el apoyo activo o pasivo al franquismo, lo que se refleja en las contradicciones del nacionalismo conservador y del PNV que representaba sobre todo a la pequeña burguesía: una parte propuso pasar de la guerra, hacer como si no existiera; otra segunda apoyó al franquismo; una tercera se le enfrentó a muerte, y una cuarta, la compuesta por el grueso de la dirección, dudaba sobre qué hacer pero la presión de las bases le obligó a luchar contra el franquismo aunque negociando en secreto una rendición. El culto de la dictadura a la «Reconquista» y al «descubrimiento» de Nuestramérica, del sueño imperial, en el que no faltaba la exaltación de los «buenos vascos» como Elkano y otros muchos, permitía a nacionalistas justificar en parte su colaboracionismo con la dictadura y los beneficios que obtenía. 

5.- 

La «transición democrática» abrió nuevas posibilidades para que la burguesía reafirmara su identidad de clase con el capitalismo estatal y con el imperialismo, y para que manipulara la historia con dos objetivos: justificar la eterna alianza estatalista, y adecuar a la «democracia» la ficción ideológica de la una historia sin lucha de clases, sin colonialismo ni imperialismo, remozamiento de la historia necesario para combatir la fuerza de masas del independentismo socialista y la recuperación de la verdadera historia que estaba realizando. En ningún momento de las llamadas «negociones» para concretar qué tenía que ceder y qué tenía que aceptar el PNV, se cuestionó la lógica capitalista ni la unidad del Estado, claudicó ante la exigencia militar de impedir la unificación de Vascongadas y Nafarroa, y se redujo el flamante estatuto a una mera descentralización administrativa tolerada por el Estado, que puede suspenderla cuando le apetezca, etc. 

En el tema que nos concierne, el posible significado de la circunnavegación de 1519-22 para los intereses actuales de la burguesía vasca, el PNV continuó con su histórica colaboración con el imperialismo al menos por cinco vías conocidas: una, las loas a los EEUU y al europeísmo; otra, su descarada concepción democristiana de la vida y de la sociedad;  además, su astuta maniobra para no oponerse frontalmente a la OTAN en el referendo de 1986 intentando presionar abiertamente a sus bases para que votaran sí, cuando eran contrarias a la OTAN; cuatro, sus excelentes relaciones con la Iglesia a pesar del giro españolista de su burocracia, con la evangelización como instrumento del poder occidental; y cinco, sus relaciones con el Estado sionista. Veamos dos ejemplos: la oposición sistemática del PNV a la Venezuela Bolivariana y la exigencia del gobiernillo vascongado en 2012 al Gobierno español para que movilizara todos sus recursos a fin de abortar la nacionalización de YPF por Argentina, recuperándola de manos de REPSOL

Avanzando en esta dirección, el gobiernillo vascongado puede buscar varios objetivos mediante la manipulación histórica de la figura de Elkano. De entre ellos destacamos estos tres: 

Uno, reforzar la recreación de un foralismo moderno como alternativa al independentismo burgués abandonado en la práctica casi desde su formación. El nuevo foralismo puede encontrar en la imagen que se ofrezca de Elkano y de la larga lista de vascos y vascas que sirvieron a la Corona un precedente histórico que lo justifique, que haga creer a franjas sociales que puede recuperarse en el s. XXI una relación «entre iguales» tal como, en apariencia, se nos dice que existió entre la Corona y las Vascongadas hasta antes de la destrucción por la guerra del Sistema Foral. Naturalmente, la lucha de clases entre vascos tiene que quedar fuera, tiene que ser negada, si se quiere crear una historia inexistente que, además, oculte o legitime las atrocidades colonialistas de los «buenos vascos». 

Dos, reforzar junto a ese neoforalismo una nueva imagen de futuro que aúne los valores autóctonos tal cual los define el PNV con un nuevo cosmopolitismo globalista en el sentido de conectar simbólicamente Neguri, Ajuria Enea, BBK, Iberdrola, Loiola, Gernika, EITB, Ertzaintza, etc., con el mundo entero bajo control imperialista, tal como lo hizo el viaje de circunnavegación y luego el tornaviaje para extender el colonialismo. De este modo, la burguesía vascongada espera ayudar en la guerra político-cultural que lanza el imperialismo y que tiene sobre todo tres objetivos: extender un nuevo nacional-europeísmo cosmopolita español, algo parecido a aquél cuento del PP de que «somos vascos, españoles y europeos». Extender a la vez la ideología individualista centrada en el fetichismo de la mercancía, tal cual la produce la industria político-mediática yanqui, la factoría Disney, por ejemplo, con los altavoces de las cuatro o cinco grandes trasnacionales de la alienación social generalizada, y que EITB difunde masivamente. Y último, orientar todo ello hacia la mentalización de que en un futuro pudieran surgir serios conflictos con Eurasia en los que intervendría la juventud vasca como lo hicieron en su tiempo en defensa de la Corona, aunque ahora sería en defensa del dólar, del euro y de la Bolsa de Bilbo, sin olvidarnos de la sede de la Compañía de Jesús. 

Y tres, presentar así un modelo de país «moderno» capaz de integrar en el presente siglos de historia que demostrarían la solidez de la «ancestral democracia vasca», de la «esencia pacífica» de sus pobladores. Ahora el dicho ya no es: «euskaldun fededun», o la «Vasconia vaticanista», etc., sino el «oasis vasco» normalizado socialmente gracias entre otras cosas a la «nueva estrategia» que, pese a todo y según insisten los «demócratas», debe postrarse de hinojos aún más, tal como lo hacía Catalina de Erauso ante Urbano VIII y Felipe III. Al fin y al cabo, la Monja Alférez no se diferencia en nada cualitativo de las policías que ahora golpean y multan a los y las «salvajes» que defienden sus derechos, como lo hacía la nación mapuche en su momento, y lo seguirá haciendo. 

IÑAKI  GIL DE SAN VICENTE 

EUSKAL  HERRIA  25 de noviembre de 2021

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