
por Ricardo Jiménez
Aunque ya, matemática, legal y éticamente, no hay ninguna posibilidad de que el lento escrutinio del 6% de votos observados pueda variar el hecho de que Roberto Sánchez, el candidato de la izquierda y aliado del expresidente, ilegalmente derrocado y encarcelado, pase a segunda vuelta, la derecha peruana en todas sus variopintas versiones políticas y mediáticas, busca furiosamente un golpe de Estado electoral preventivo que desconozca ese hecho y, alegando fraude o vicio por incompetencia del proceso, logre el viejo sueño neoliberal peruano: convertir las elecciones en un mero trámite formal sin sobresaltos para la agenda neoliberal de corrupción y saqueo.
Este 21 de abril, en medio de un proceso electoral en marcha, que ya ha tenido demoras injustificables en la votación y el conteo, presentó su renuncia, a pesar de que constitucional, legal y éticamente está prohibido por razones obvias. La jauría política y mediática, encabezada por las declaraciones públicas de Keiko Fujimori, exigiendo esa renuncia, consiguió su objetivo.
El padre, Alberto Fujimori, y el tío, Vladimiro Montesinos (de la contumaz candidata de las mafias de la ultraderecha peruana, Keiko Fujimori, que acaba de asegurar su paso a su cuarta segunda vuelta electoral presidencial, con un triunfo relativo del 17% de los votos en primera vuelta) fueron expertos creadores del sistema de desestabilizar las instituciones del Estado para luego corromperlas e imponer su voluntad e intereses a todo el país. De ese linaje viene esta artista de socavar instituciones y legitimar delitos.
Desde hace más de treinta años, el Perú ve descomponerse hasta lo insoportable su sistema político que, contradictoriamente, garantiza la más asombrosa estabilidad y continuidad económica neoliberal. Pero para la derecha peruana y los dueños del Perú, siempre parece haber un escalón más hacia la degradación y ahora avanzan con determinación al fraude de la voluntad popular y ganar así la segunda vuelta, antes de que el rebelde electorado peruano pueda hacerles, otra vez, pasar el mal rato de poner en competencia un candidato que no les pertenece ni controlan.
Los organismos observadores electorales (que son institucionales y no dependen de las personas), tanto nacionales como internacionales, han sido explícitos y públicos en señalar que no hay evidencia alguna de alteración de votos en estas elecciones y que el conteo de los últimos votos observados, bajo vigilancia democrática de todos, debe continuar y ser reconocido.
Aunque el golpe desestabilizador de esta renuncia es grave, de todos modos, no basta para consumar el fraude de la derecha y robar a Roberto Sánchez y Juntos por el Perú su paso a segunda vuelta. Requiere dar pasos más ilegales y flagrantes, también más riesgosos para los golpistas. ¿Estará la derecha dispuesta a ir más lejos, muy cerca del abismo, para consumar el fraude? Pronto lo averiguaremos.


