La Colombia Humana del Presidente Petro: Balance de un mes

Por Luz Marina López Espinosa

Aunque no es rigurosamente fiable derivar  conclusiones de un gobierno en tan corto lapso, intentaré hacerlo del primer mes de gobierno del presidente colombiano Gustavo Petro. Porque con todo y ello, las iniciales ejecutorias de un mandatario sí marcan su  disposición en relación con las expectativas creadas en el electorado y con las ofertas que se le hicieron en campaña. Y es que por lo general en sus primicias todo gobernante trata de mostrar su fidelidad con ellas. Así también  con frecuencia ocurra que a poco de andar las rescinda como es el caso desconcertante  del presidente chileno Gabriel Boric que trae de los cabellos a amigos y analistas. Que no será desde luego el caso del mandatario colombiano.

El presidente Petro, el primero de izquierda en la bicentenaria vida republicana del país, en sus primeras decisiones tenía que hacer actos  significativos de  esta diferencia,  “marcar territorio”. Y a fe que lo hizo. Y en forma tan clara, que  dejó sin reacción a los afectados que tampoco tenían margen de maniobra distinto a declaraciones de inconformidad de mayor o menor aspereza. La primera decisión presidencial fue la designación de la nueva cúpula militar, que “descabezó” alrededor de cincuenta generales  del Ejército y la Policía que debieron pasar a retiro al ser los designados  de menor antigüedad. Decisión de innegable trascendencia y acto afirmativo de autoridad. Un mensaje absolutamente claro: el presidente en la medida de lo posible – las limitaciones para esto son estructurales porque el ejército que tiene es el que es y no otro -, quiere gobernar con una generación de militares que no estén por formación y tradición  tan íntima y misionalmente comprometidos con las doctrinas del ”enemigo interno” y la “seguridad nacional”. Estas concepciones,  médula de  la desviación ideológica urdida y lograda por los Estados Unidos en su  universidad de dictadores, impartidas en la  tristemente célebre Escuela de las Américas hoy rebautizada con el aséptico nombre de  “Instituto de Cooperación y Seguridad del Hemisferio Occidental”. La misma responsable de la vergüenza de los “falsos positivos”. Por lo pronto y documentados,  6.402 civiles asesinados hechos pasar como  “guerrilleros dados de baja en combate” para mostrar resultados operativos en la “lucha contra el terrorismo” y reclamar beneficios de todo tipo. Dolorosa página  en la que el presidente Petro  como cuestión de principios,  ha tenido  sin ambages una posición de repudio. Rara avis  entre los presidentes colombianos.

Ese el primer acto de talante y diferenciador del novel gobernante. Y vinieron más cuya significación tal vez solo sea clara para los nacionales que son quienes conocen cuál ha sido la tradición que como un guante de hierro ha regido en la materia, y por lo tanto los intereses que afecta el Presidente. Se trata de la designación  de un miembro de las negritudes como embajador en los Estados Unidos, de una activista indígena como embajadora en la ONU y otro nada menos que en el espinosísimo tema de restitución de las tierras  despojadas, y la de un exguerrillero en el delicado cargo en Colombia de  responsable de la oficina de  protección de los amenazados por bandas criminales. Designaciones que no por recaer en personas   de gran perfil académico y vidas limpias, dejan de ser herejías inaceptables para algunos representantes del poder defenestrado. “¡O témpora, o mores!” saltándose los siglos  exclaman estos,  con Marco Tulio Cicerón contra su Catilina criollo.

Lo anterior, en el aspecto más formal y digamos burocrático del poder presidencial.   Pero yendo a lo sustancial,  tenemos la presentación de una reforma tributaria  que toca -y en qué forma -, privilegios e intereses  que hasta  ahora habían tenido fuero de inmunidad en las reformas tributarias del pasado, que son legión. Y que atañen a los sectores, grupos y conglomerados no solamente más ricos, sino más poderosos  del país. Cualquiera  supondrá las tensiones y debates que esta  osada intromisión suscitará – ya lo está – en los medios de comunicación y en el  voluble Parlamento. La expedición del Estatuto del Trabajo, deuda de treinta años no solo con la clase trabajadora del país sino con la Constitución de 1991 que lo ordenó, es otra inmediata decisión presidencial.  Como para que no quede duda de ello, designó ministra de Trabajo a una curtida activista sindical y militante comunista. Nueva herejía que sorprendió al mismo Partido Comunista, asombro doblado al recibir un segundo ministerio, el de Cultura.

La anunciada transición energética para comenzar a liberarse de la dependencia  exclusiva de los combustibles fósiles, el cambio de la política antidrogas  revirtiendo la sumisión absoluta a los Estados Unidos y el enfoque exclusivamente militar de ella, el  expedito inicio de conversaciones de paz con el Ejército de Liberación Nacional, ELN,  la  ortodoxa guerrilla castrista, y el inmediato restablecimiento de relaciones con el satanizado régimen de Venezuela, son  otras cuatro decisiones políticas que muestran cómo este gobierno no es más de lo mismo y que  eso del cambio  esta vez sí va en serio. Siendo lo más la reivindicación y posicionamiento de “los nadies”. Para horror de las élites que hegemonizaron el poder durante tantos años.

Y relevando  que la noche de la  elección presidencial el 19 de junio y el día de la posesión el 7 de agosto el país vivió una explosión de júbilo sin antecedentes con las llamadas clases subalternas en las  calles y plazas celebrando el que sentían su triunfo, regocijo que se reedita en cada lugar a donde el Presidente va. Teniendo presente eso, igual advertimos que el mandatario colombiano no la tiene fácil. Que muchos factores conspiran en su contra: la canalla mediática  – creo que fue Pascual Serrano quien acuñó el feliz término – no da tregua; las amistosas – más peligrosas cuanto más lo son – embajadas de altos dignatarios del imperio manifestándole su solidaridad al gobierno y deseos de colaborar con él, forma de encarrilar al presidente indócil, y los portavoces más recalcitrantes  de la derecha batida,   vociferando  con el escándalo que presumen descubrir cada día, son quizás los principales. Sin descuidar uno estructural que por lo mismo es el que más conspira:   la crítica situación fiscal con un déficit de cerca del 7%  y la consecuente pérdida del grado de inversión decretada por las agencias calificadores con el  correlativo aumento de la tasa de interés de la deuda externa pública de 101.000 millones de dólares, un 29% del Producto Interno Bruto. Y a esto sumémosle los amarres financieros, contractuales y aún obscenamente burocráticos que heredó del gobierno de Iván  Duque,   todo lo cual es un palo en la rueda de la principal promesa del candidato del Pacto Histórico, atender la situación de miseria de millones de colombianos. De ahí la gran reforma tributaria que es el primer imprescindible paso para obtener los apremiantes recursos necesarios para ello, y el anuncio de medidas terriblemente impopulares pero al parecer inevitables como es el aumento del precio de la gasolina, de por sí muy costosa en Colombia.

Por último, otro escenario en el que se debe mover un gobierno que genera tantas esperanzas: el Pacto Histórico, la confluencia de partidos y movimientos sociales de izquierda, bandera bajo la cual alcanzó la presidencia Gustavo Petro, es  también una confederación de intereses por lo común muy sectoriales. Entonces, dentro de ella ya se notan reclamos, inconformidades, y con frecuencia celos y antipatías frente a algunos nombramientos presidenciales, que consideran no responden a los deseos o particular mandato del sector que manifiesta esas inconformidades. Sectarismos y fundamentalismos que hacen daño. Sin que dejemos de rescatar y apoyar con todo vigor , las presiones que desde ámbitos políticos y movimientos sociales sobre todo juveniles y barriales, se le hacen al  Presidente  amigo para que con las dificultades que ello le entrañe,  cumpla y no transija en  promesas de campaña innegociables. Ejemplo, la eliminación del  Escuadrón Móvil Antidisturbios de la Policía Nacional el tenebroso ESMAD,  responsable de la sangrienta represión del estallido social de los años 2021 y 2022, además de numerosos crímenes; y  el llamado a calificar servicios al general Juan Carlos Correa nuevo  Inspector General del Ejército y por ende guardián de la legalidad y moralidad de su  conducta, quien aprobó el más reciente y escandaloso “falso positivo” cometido por las tropas en los estertores del gobiernos de Iván Duque; la masacre del Putumayo el 28 de marzo de 2022 que  sacrificó a once indefensos campesinos e indígenas.

Y los jóvenes exigen a su Presidente el cumplimiento de la promesa de campaña   en lo que concierne a la conducta de la fuerza pública que tanto los afecta,  porque en la Colombia Humana, divisa de la campaña de Gustavo Petro, no será posible la sentencia del filósofo francés  Michel de Montaigne que pareciera grabada en bronce en el imaginario  de casi todos los anteriores presidente de Colombia, y que ya en la Edad Media advertía: “El bien público exige  que se traicione, que se mienta, y que se masacre”.

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