Por Stella Calloni*

Esto, bajo el increíble y disparatado argumento de que el presidente de Venezuela, elegido democráticamente, Nicolás Maduro, y el diputado y vicepresidente del Partido Socialista Unido de ese país (PSUV), Diosdado Cabello, son “jefes del Cartel de los Soles”, inexistente en todos los documentos que se pueden consultar.
Es una nueva versión de la “Guerra infinita y sin fronteras” que anunciara George W. Bush después del sospechado atentado contra las Torres Gemelas el 11 de septiembre de 2001, utilizando ahora la misma estrategia y forzando la teoría de que el “narcotráfico” debe ser entendido como “terrorismo” cuando amenaza la seguridad nacional estadounidense.
Significa que pueden actuar sin autorización del Congreso, ni convalidación de organismos internacionales como Naciones Unidas y otros, violando la legislación vigente en estas circunstancias, en nuestra región y en el mundo.
En el discurso de Bush, que marcó todos los sucesos criminales de los primeros años de este siglo, como las invasiones coloniales (Afganistán, Iraq, Libia, Siria y el resto de naciones sometidas a un genocidio silenciado) advirtió que “la respuesta estadounidense al terrorismo se está librando tanto dentro del país como en el extranjero por medio de operaciones múltiples que incluyen medidas diplomáticas, militares, financieras, de investigación, de seguridad del territorio nacional y humanitarias”.
El 17 de octubre de 2001, Bush afirmó que: “La nuestra será una campaña amplia, combatida en muchos frentes. Es una campaña que será librada de día y de noche, en la luz y en las tinieblas, en batallas que verán y batallas que no verán.
“Es una campaña librada por soldados y marineros, soldados de infantería y aviadores; y también por agentes del FBI y oficiales de agencias que velan por el cumplimiento de la ley, diplomáticos y agentes de inteligencia. Es una campaña que se está librando en territorios distantes, y una campaña que se está librando por nuestra nueva Oficina de la Seguridad del Territorio Nacional”, tal como figura en los archivos de la Casa Blanca.
En estos momentos, de acuerdo al decreto emitido por el gobierno de Trump el 7 de agosto pasado, las tropas de Estados Unidos pueden entrar a cualquier país de América Latina.
No sólo en aquellos cuyos gobiernos sean señalados como “narcotraficantes” con argumentos falsos, como el actual, sino también los que “refugien terroristas” o los que “promuevan el terrorismo”.
Argumentación que puede ser rápidamente inventada, como lo han demostrado a los largo de dos siglos los ”tanques pensantes”, más por tanques que por pensantes, de Estados Unidos.
POR QUÉ VENEZUELA
Es importante conocer pantallazos de lo actuado por Washington contra Venezuela, país sometido en lo que va del siglo XXI a decenas de intentos de golpes de Estado y atentados terroristas, que provocaron muertes y destrucción, movilizaciones golpistas de viejo cuño, a lo que se añaden los intentos de invasiones fracasadas en su decisión de abatir a un gobierno y un pueblo que se han convertido en una muralla latinoamericana.
La nueva escalada sólo ha logrado consolidar y fortalecer al gobierno de Nicolás Maduro, con la decisión de millones de venezolanos de inscribirse para ser parte decisiva de la defensa del país, al frente de cuyas fuerzas armadas está el general Vladimir Padrino López, ministro de Defensa de Venezuela, reconocido por su capacidad militar y su preparación política.
Las Fuerzas Armadas Nacionales de Venezuela (FANB) tienen como doctrina militar la “guerra de todo el pueblo” que significa una defensa integral de la nación, sostenida en la unidad de civiles y militares para defender la soberanía nacional, y dada la situación de dependencia de los países de nuestra región, con una posición antimperialista, y en favor de la emancipación definitiva.
Tal como resulta de los principios de la Revolución Bolivariana y del “Bolivarismo”, el pensamiento contrahegemónico surgido de las realidades del país y la región en este siglo XXI e inspirado en las ideas del libertador de América, general Simón Bolívar (siglo XIX).
Fue renacido por el comandante Hugo Chávez Frías cuando encabezó un alzamiento cívico-militar en 1992 dirigido a la necesidad de lograr un cambio profundo en Venezuela en defensa de las mayorías populares y para terminar con la corrupción demoledora de gobiernos y empresarios que disfrutaban de los dineros del petróleo, el oro negro de Venezuela.
Una minoría que vivía en un limbo de enormes riquezas, en grandes rascacielos, y una extensa mayoría de pobres en las alturas de los cerros que rodean la capital, Caracas, similares a las “favelas” que enmarcan a Río de Janeiro en Brasil, donde los colores vivos no pueden ocultar las enormes desigualdades.
El alzamiento fracasó militarmente pero no a nivel popular, por lo cual Hugo Chávez Frías estuvo detenido, pero salió en 1994 y comenzó una acción política que terminaría con su llegada a la presidencia de Venezuela a fines de 1998, por una abrumadora mayoría, que aumentó permanentemente.
Revertir la situación de injusticia, de desigualdad y dependencia es lo que logró ampliamente Chávez que falleció el 5 de marzo de 2013 siendo presidente de Venezuela, después de haber designado como sucesor a Nicolás Maduro Moros.
Maduro Moros fue elegido en elecciones que debían realizarse ese mismo año, apoyado por millones de venezolanos que demostraron al mundo, durante el enorme y sentido funeral con que se despidió y se “sembró“ a Chávez, el amor profundo y la toma de conciencia de un pueblo que renació con ese liderazgo y rompió con un pasado de falsas democracias, acompañando además el proyecto de unidad latinoamericana, el gran sueño posible del Bolivarismo.
En Washington se creyó que con la desaparición física de Chávez se acababa con la Revolución Bolivariana y Socialista y continuó aumentando el embate de golpes, la brutal guerra económica y la guerra terrorista, como lo hizo y lo sigue haciendo desde hace más de 60 años contra la Cuba revolucionaria, que continúa resistiendo heroicamente a pesar del terrorismo, bajo todas sus formas posibles, como el mediático, entre tantas otras tácticas de la contrainsurgencia que se nos está aplicando hoy.
Ante la imposibilidad de lograr rendir a Venezuela, el 24 de enero de 2019 se produjo un hecho, inconcebible en cualquier país del mundo, en el marco de las numerosas operaciones estadounidenses, cuando un diputado opositor, Juan Guaidó, que ejercía entonces la presidencia de la Asamblea legislativa, salió de esa sede, simulando que huía, en el marco de un debate y se autoproclamó presidente designado (por él mismo).
Fue inmediatamente reconocido por Washington y gobiernos colonizados de la “civilizada” Europa y otros, demostrando que era una acción preparada por las fundaciones de Estados Unidos que habían invadido Venezuela desde hace años.
Siempre la tragedia de los pueblos tiene pasos de comedia, como ésta de Guaidó, quien se convirtió en un presidente sin sede presidencial en su país, “gobernando” a nadie desde su casa en Washington y viajando por el mundo mientras recibía migajas millonarias del dinero que saquearon a Venezuela las corporaciones imperiales, como mascarón de proa que era, hasta convertirlo en un millonario ahora inservible que viaja en un barco cargado de oro y millones de dólares junto a una tripulación permanente de piratas modernos, sin espadas, pero con misiles y armas letales, entre otros.
En 2019 se produjeron dos intentos de invasión a Venezuela, el 23 de febrero la “Operación Cúcuta” y el 30 de abril la “Operación Libertad”, que Estados Unidos llamó “simulacros de invasión” para disimular el fracaso.
Cúcuta es una ciudad colombiana en la frontera con Venezuela desde dónde intentó Washington, con apoyo de sus socios de la oposición venezolana y algunos pocos militares y policías, tratar de ingresar supuestos camiones de “ayuda humanitaria”, en realidad armas y municiones, detrás de lo cual llegarían los mercenarios invasores, contando con las complicidades necesarias. Nueva frustración.
Pero ¿quién estaba en Cúcuta junto a Juan Guaidó? Nada menos que Marco Rubio, representante entonces del Estado de La Florida, activo militante del lobby cubanoamericano con sede en Miami, que utiliza terroristas propios que a la vez son agentes “estrellas de la CIA” estadounidense y ahora Secretario de Estado del gobierno de Trump. La foto de ambos dio la vuelta al mundo.
No lograron invadir, rechazados por multitudes populares y las fuerzas militares patrióticas, y lo intentaron nuevamente el 30 de abril en la “Operación Libertad”.
Dicha operación fue una insurrección interna que dejó decenas de víctimas, al mando del supuesto “líder pacifista” Leopoldo López y su “barra” de golpistas, que como su compañera de tareas Corina Machado, actúan, muy bien pagados por Washington, desde donde han pedido una y otra vez una invasión de Estados Unidos contra su país, como traidores a la patria que son.
Todos los intentos fracasados dejaron graves daños en hospitales, centros de salud, escuelas y edificios del Estado y de infraestructuras indispensables que luego derivaron en un bloqueo criminal contra ese país, lo cual de alguna manera ya había comenzado más sigilosamente en tiempos de Chávez, y se disparó en forma ascendente desde 2014 extendiéndose todos estos años.
Fue una guerra que afectó los proyectos en marcha, impidiendo entrar al país alimentos, medicamentos, todo lo necesario para la infraestructura en general y también impidiendo la comercialización del petróleo venezolano con cualquier país del mundo, afectando al sistema bancario a nivel mundial y quedándose, gracias a la cobardía de gobernantes colonizados, con el dinero depositado por empresas que comerciaban con Venezuela.
Un ejemplo fue la apropiación de un dinero depositado por el gobierno venezolano en un banco de Portugal para comprar medicamentos, que nunca pudieron llegar, cobrándose vidas, otro crimen del que tiene que dar cuenta Estados Unidos.
Esa tragedia del pueblo fue inculpada al gobierno, como está previsto en las tácticas contrainsurgentes, sobre el que se desató una jauría opositora que utilizó todos los frentes, incluyendo informes -documentadamente falsos- entre los cuales figuraban miles de ejecuciones extrajudiciales y desapariciones forzadas, para denigrar al gobierno venezolano acusándolo de violador de los derechos humanos, como lo han hecho y lo están haciendo en todo el mundo cuando el imperio quiere destruir a quienes defienden los derechos de sus países y sus pueblos.
Pero en los últimos años, Venezuela fue emergiendo al abrirse las posibilidades comerciales con Brasil, China, Rusia, Irán, los países integrantes del Brics, un modelo alternativo que reúne a las naciones más grandes y más pobladas del mundo, y otros, lo que encegueció de odio de Estados Unidos y sus socios imperiales.
Y ahora actúan con total impunidad, a cara lavada, como lo hace Israel con el lento genocidio y exterminio del pueblo palestino, día a día, sin que nadie detenga esta perversión de crímenes atroces, sólo comparables con los cometidos por el nazismo, que llevaron a la Segunda Guerra Mundial.
Esto es sólo un resumidísimo pantallazo de temas que hay que profundizar para entender “por qué Venezuela” y conocer que esto, en realidad, es parte del Proyecto Geoestratégico de recolonizar América Latina en este siglo para el control directo de sus recursos, que nos aplica un Estado Terrorista Mundial.
CRONOLOGÍA DE LA NUEVA ESCALADA
Venezuela y otros países postergados de la región y del mundo entendieron las posibilidades que se abrían desde que comenzó a surgir un Nuevo Orden Mundial, que en principio acabó con la unipolaridad instalando nuevamente la multilateralidad.
Por supuesto que el imperio decadente iba a reaccionar, como lo hizo salvajemente y volvió a tratar de recuperar en forma urgente su llamado “patio trasero” América Latina, cuyos países salvo Cuba, son hasta ahora dependientes de Estados Unidos.
Es lo que estamos viendo hoy. ¿Cómo no “reapoderarse” de Venezuela que tiene las mayores reservas de petróleo del mundo y una enorme riqueza en recursos de todo tipo, ahora en manos del pueblo y el Estado venezolano?
Más aún cuando como han declarado, tanto funcionarios demócratas y republicanos de Estados Unidos, que en este siglo XXI se está aplicando sobre América Latina la Doctrina Monroe que data de 1823, cuando los gobernantes determinaron en Washington que “América (del sur) era para América (del norte)”.
Después del decreto del gobierno estadounidense al que me he referido al comienzo de esta nota y con escasas horas de diferencia, Trump anunció otra medida, aumentar a 50 millones de dólares la recompensa para quien entregara al presidente Nicolás Maduro por considerarlo una “amenaza contra la seguridad estadounidense”.
Redobló las cifras anteriores, 15 millones en el primer gobierno del mandatario y 25 millones durante la presidencia de su antecesor, el demócrata Joe Biden.
Maduro no figuró nunca en ningún registro de narcotraficantes ni delito alguno, pero su rostro apareció en un “aviso de recompensa” como los que se utilizaba en el far-west, en los años de la invasión de películas de la brutal colonización del territorio que sería después los Estados Unidos de Norteamérica.
Incluía entre otros el robo de la mitad del territorio de México y otros países, como Puerto Rico, en situación colonial bajo el eufemístico título de ser un “Estado Libre Asociado” del imperio.
Debajo de la fotografía de Maduro se enumeraban los supuestos “delitos” acusándolo de ser “muy peligroso” para la seguridad de Estados Unidos.
La última medida anunciada cuando el presidente Donald Trump regresó de Alaska después de reunirse con su par Vladimir Putin, de Rusia, el pasado 25 de agosto intentando cruzar propuestas sobre el tema de Ucrania, fue leer los papeles preparados sobre su escritorio y anunció el envío de buques de guerra hacia el extenso y cálido Mar Caribe y como advirtieron los gobernantes venezolanos, no “a las costas” precisamente de Venezuela, pero cercando a ese país y a otros. Luego redobló la apuesta.
Al comenzar septiembre están en el mar Caribe tres destructores, un escuadrón anfibio con tres buques de guerra, cuatro mil infantes de marina, a lo que añadió el gobierno de Trump el envío del crucero lanzamisiles USSE Erie (unos dos mil) y un submarino rápido de propulsión nuclear el USS Newport News, lo cual activó la alarma en toda la región.
Todo esto para ¿combatir al narcotráfico? No sólo se trata de una escalada de guerra contra Venezuela, sino que amenaza y advierte a todos los países de América Latina y el Caribe, y ni siquiera se salvan de lo que pueda suceder los Estados norteamericanos que están sobre el Atlántico, como tampoco los que están de cara al Pacífico por donde navega irresponsable y criminalmente otra cantidad de buques de la Flota de Estados Unidos. Como dijo el mandatario venezolano, hablando recientemente en la sede del poder legislativo de Caracas, es “un zarpazo terrorista, militar, inmoral, criminal e ilegal”. Se trata ahora de salvar el destino de la humanidad amenazada como nunca antes.
(Parte dos)

Esto se expresó con la última visita del jefe del Comando Sur, almirante Alvin Holsey, que permaneció durante tres días en Argentina, donde mantuvo reuniones “claves” con las autoridades de Defensa locales y participó en una Conferencia Regional de Seguridad Nacional patrocinada por los gobiernos de ambos países, realizada entre el 19 y el 20 de agosto
El informe oficial de Estados Unidos señalaba que este era precisamente el segundo viaje de Holsey a Argentina en lo que va del año y luego de “recientes visitas de otros funcionarios estadounidenses que refuerzan el compromiso permanente de fortalecer la asociación estratégica de ambas naciones”.
Hosley se reunió con el brigadier general Xavier Isaac, jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas Argentinas, y otras autoridades, y después de ajustar algunos acuerdos, ambos fueron los anfitriones de los jefes regionales que asistieron a este encuentro.
Como respuesta a esta importante reunión, el pasado 26 de agosto el gobierno argentino informó que en el marco “de los compromisos internacionales asumidos por la República Argentina en materia de lucha contra el terrorismo y su financiamiento, y en cumplimiento de la normativa nacional vigente, el Gobierno Nacional dispuso la incorporación de la organización criminal transnacional conocida como “Cártel de los Soles” al Registro Público de Personas y Entidades vinculadas a Actos de Terrorismo y su Financiamiento (RePET), dependiente del Ministerio de Justicia.
La decisión, adoptada “en coordinación entre el Ministerio de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto, el Ministerio de Seguridad Nacional y el Ministerio de Justicia, se fundamenta en informes oficiales que acreditan actividades ilícitas de carácter transnacional, entre ellas narcotráfico, contrabando y explotación ilegal de recursos naturales, así como vínculos con otras estructuras criminales en la región”, señala el comunicado.
Destaca que se trata de “fortalecer los mecanismos preventivos y sancionatorios frente a operaciones de financiamiento vinculadas al terrorismo y al crimen organizado; reforzar la cooperación internacional en materia de seguridad y justicia, en estrecha coordinación con socios regionales y multilaterales; reafirmar su compromiso con la paz, la estabilidad y la seguridad hemisférica, en el marco del respeto al derecho internacional y a los instrumentos multilaterales aplicables.
Añade que la inscripción en el RePET “habilita la aplicación de sanciones financieras y restricciones operativas destinadas a limitar la capacidad de acción de estas organizaciones criminales”, al tiempo que protege al sistema financiero argentino de ser utilizado con fines ilícitos.
A sólo una semana del decreto del presidente Trump, el gobierno del ultraderechista Javier Milei anunció el 14 de agosto que reconocía al Cartel de los Soles como “una organización terrorista” y acompañaría a Estados Unidos en su empeño de combatirla, mientras que la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, expresó que “Maduro y su séquito son narcoterroristas”.
“Ni en la Argentina ni en ningún lugar del mundo van a poder llevar a cabo sus actividades criminales. Para este Gobierno, el que las hace, las paga. Acá o donde sea”, declaró Bullrich, que mantiene desde hace tiempo fuertes vínculos con la CIA y la inteligencia israelí.
Durante un reciente informe del secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio, en la Casa Blanca, sobre todo lo actuado por el gobierno de su país para enfrentar al “Cartel de los Soles”, entre los que se considera el “fentanilo” un veneno “asesino” que estaría transformando el narcotráfico en “terrorismo” y amenaza la seguridad estadounidense, destacó el papel de Argentina por su compromiso de acompañar a Estados Unidos en su aventura militar contra Venezuela y nombró en este mismo sentido la cooperación de Ecuador, Paraguay, Trinidad y Tobago, y Guyana.
“El propósito (el objetivo) no es sólo detener el ingreso de narcóticos, sino llevar esta batalla al escenario internacional para enfrentar a quienes están detrás de este `veneno asesino`”, reconociendo que las medidas tomadas por su gobierno causaron “una fractura geopolítica en América Latina por los alineamientos diplomáticos de ciertos países”, dijo Rubio.
Por un lado, colocó a “Brasil, Bolivia, Cuba, Colombia, Honduras y Nicaragua, que apoyan a Nicolás Maduro, presidente de Venezuela, sindicado como uno de los jefes del Cartel de los Soles”, inexistente e invisible en todos los documentos referidos al narcotráfico en distintos países y continentes.
Mientras que Costa Rica, Guatemala, El Salvador y Panamá “podrían sumarse al bloque de países que designó al Cartel de los Soles como organización terrorista” agregando que “Canadá, Chile, México y Uruguay exhiben -hasta ahora- una posición neutral”.
¿Cuál era la estrategia forzada por Rubio y sus compañeros, que navegan entre los dineros que el narcotráfico aporta a los países consumidores de estupefacientes?
Forzar a todos los gobiernos latinoamericanos, para proyectar esto a nivel internacional y ocuparse de Rusia, China, Irán, y demás, después de señalar que en el intercambio del tráfico sus responsables -los jefes de los carteles- tendrían también “vínculos sólidos con Rusia, China y también Irán “.
Advirtió que “Rusia tiene fuertes intereses comerciales en Venezuela, y opera con Cuba para garantizar la impunidad del régimen caribeño. Sin La Habana y Moscú, Maduro no manejaría la información clasificada que le permite reprimir a la oposición y contener las conspiraciones internas en su contra”.
La hipocresía no tiene límites, como no lo tiene el sinceramiento de los que se creen impunes cuando Rubio, cuya historia está ligada a mafias y acciones terroristas diversas, entre ellos la aplicación de un terrorismo eterno contra Cuba y la colaboración de terroristas cubanoamericanos (y agentes de la CIA) con las siniestras dictaduras de todo el continente y en especial en los años 70-80 con las dictaduras de la Seguridad Nacional en el Cono Sur y su pacto de muerte que fue la Operación Cóndor, sobre lo que tienen que rendir cuentas aún.
Esto lleva a una pregunta: ¿por qué Estados Unidos no se ocupa de buscar en su territorio a los carteles de ese país, que reciben alegremente los envíos de drogas y la distribuyen tan activamente entre más del 60 por ciento de su población que la consume?
Significa millonarias cifras de dólares que reúnen y se depositan en bancos de ese país, una lavandería de dinero que lavan sus empresas en nuestros países. Nunca hemos visto la detención de poderosos jefes del narcotráfico en Estados Unidos.
ACUERDOS CON ARGENTINA
En este escenario Argentina, el país más grande que acompañó al gobierno de Donald Trump en esta escalada, cumple un papel muy importante y aún no se sabe qué otros compromisos firmó el gobierno ultraderechista con su par en los últimos tiempos, como los que permiten a sus tropas especiales ingresar cuando lo necesiten en el sur del país.
Esto no sorprende porque el expresidente Mauricio Macri (2015/19) firmó en 2017 un acuerdo con la Guardia Nacional de Georgia (tropas especiales) para permitirles su ingreso en este país cuando fuera a necesario, sin autorización del Congreso.
Milei no hizo sino refrendar este acuerdo de su asociado e ir más lejos aún. El 13 de marzo pasado, a espaldas del Congreso y del pueblo, “en un hecho histórico” en las relaciones bilaterales de ambos países, se firmó un “memorando de entendimiento para llevar adelante un ambicioso programa de cooperación en el ámbito de las Fuerzas de Operaciones Especiales (SOF, por sus siglas en inglés)”, como señala un informe especial del gobierno argentino.
Sucedió después de tres largas reuniones a las que se refirió Holsey en su paso por Buenos Aires en agosto. “Los responsables militares de ambos países ponen en marcha un proceso que permitirá a las tropas argentinas entrenar directamente junto a sus pares norteamericanos, ampliando las capacidades de ambas naciones en el terreno de las operaciones especiales y de alto riesgo”.
La firma de este acuerdo “se realizó entre el coronel Néstor Oprandi, comandante conjunto de Operaciones Especiales de las Fuerzas Armadas de Argentina y el capitán de navío Nikolaos Sidiropoulos, director de Estrategia y Planes de Operaciones Especiales del Comando Sur de los Estados Unidos”.
Se produjo “en el marco de las SOF Talks, un ciclo de reuniones bilaterales que tuvieron lugar entre el 10 y el 13 de marzo, y cuyo objetivo central fue identificar nuevas oportunidades de cooperación tanto en los ámbitos operativos como en el de la capacitación de las fuerzas de élite de ambos países”.
Esto es sólo una en la serie de documentos firmados entre Argentina y Estados Unidos y también con Israel y Gran Bretaña, que ya advirtió que la base naval de Mount Pleassant -instalada en la isla Soledad del archipiélago de las Islas Malvinas que pertenecen a Argentina, colonizadas por el imperialismo inglés en 1833- es estratégica e inamovible, y la más importante con que cuenta la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) amenazando a toda la región.
Pero también nos lleva a la respuesta que han tenido gobiernos como el de Cuba, México, Colombia, Brasil y tantos otros que demandan en forma permanente que, en el tema de narcotráfico, Estados Unidos debe comenzar por su propia casa.
Y lo han demostrado en estos momentos cuando no se han prestado al juego siniestro de un poder decadente que intenta invadir a Venezuela, un país que aboga por la paz destacando el acuerdo firmado por todos los países de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) que declaró a la región como una Zona de Paz en el mundo.
El tema del narcotráfico y otros similares es un argumento ya envejecido por la mala praxis estadounidense y sus asociados, como lo está demostrando la extraordinaria respuesta de Venezuela, de su dirigencia y de su pueblo que es un ejemplo para toda la región.
*Escritora argentina, periodista de investigación y miembro de la Red de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad.









