
por Antonio Abal O.
Nacida en los turbulentos días de la rebelión popular de 1952, la Central Obrera Boliviana fue denominada como un “soviet boliviano” por su carácter deliberativo y su co-gobierno de facto. El corazón que dio vida a la COB fue el sindicalismo minero nucleado en la Federación Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia (FSTMB). Las masacres y el debate ideológico en su seno le dieron su carácter combativo y su claridad en su rol revolucionario. Negar el rol histórico de lucha del proletariado minero sería un error fatal, como lo sería el negar que la COB ha sido (pese a sus dirigencias) el ajayu de un pueblo que en eterna lucha sigue caminando para construir un Estado de verdad con todos y todas y para todos y todas.
Una reacción estrictamente visceral respecto a la COB y su existencia nos diluye la necesaria mirada crítica y las lecciones de los hechos de estos “50 días que conmovieron al continente”, más allá de los circunstanciales dirigentes, que además son producto de un vaciamiento político ideológico debido al periodo neoliberal, debemos asumir que la COB es más necesaria que nunca. Su tarea fundamental es la reorganización de un movimiento sindical en un medio de absoluta dispersión y de las transformaciones del mundo del trabajo ¿Cuáles son los modernos dispositivos de explotación de la fuerza laboral? Es una de las preguntas que la COB tiene que responder, para salir de los moldes de un anacrónico maximalismo que la mantiene anquilosada. El mundo del trabajo ha cambiado, no cabe duda y hoy muchos obreros con título universitario no se asumen como tales. Explotados en el aparente cómodo “trabajo en casa”, no asume su explotación y se mantiene en el estado de clase en sí. Una amiga con grado de doctora se lamenta en redes de su “darse cuenta” de la explotación en este mundo de trabajo por contrato.
La presión psicológica acerca del rol de los “profesionales” respecto del mundo del obrero manual, no toma en cuenta el esfuerzo neuronal que condiciona su ser social y se ve forzado a encontrar “salidas” en diversas formas (especialmente símbolos de status) para sobrellevar esa jerarquía asignada artificialmente a su fuerza de trabajo, sin analizar que forma parte de una maquinaria donde es solamente un pequeño diente de los engranajes que mueve el capitalismo mundial para seguir concentrando la riqueza en pocas manos.
Estos cambios en el mundo del trabajo, en el caso boliviano tiene que obligadamente conjugarse con la imponente presencia de los pueblos originarios, esa fuerza y potencia no doblegada por siglos de castigo y humillación. En esta compleja realidad de transformaciones entre lo rural y lo urbano tenemos procesos de enajenación de la identidad cultural, ese despojar de las raíces para dejar solamente hojas marchitas que reflejan los pálidos reflejos de una modernidad deseada y nunca alcanzada, en medo de una sociedad racista.
El ”arreglo” entre el gobierno y la dirigencia de la COB ha demostrado esa falta de complementariedad entre esas dos realidades existentes en nuestro país: una clase obrera disminuida y encerrada en sí misma, dejando de lado la necesaria compañía de los pueblos originarios. Este abandono nos demuestra lo límites de la acumulación de fuerza del movimiento popular, que esperanzadoramente vimos emerger en cinco meses de una verdadera gesta heroica.
La ausencia de la llamada “clase media” es otro llamado de atención para que la futura COB tomé en cuenta que existe un imaginario en el mundo laboral que supone la pérdida del carácter de fuerza de trabajo simplemente por haber logrado un título universitario y peor aún cuando se auto percibe como “intelectual”. Los moldes occidentales de estructurar la sociedad no tienen cabida en un Estado Plurinacional, que no está definido solamente por la Constitución Política del Estado, sino que es una construcción histórica recién reconocida en el año 2009, después de cinco siglos de vida material.
La defensa del Estado Plurinacional ha sido el motor movilizador de las protestas y los bloqueos, sin necesidad de explícitas declaraciones, sino con la presencia concreta de esa demanda. Por otro lado, como nunca ha salido a la luz el carácter racista de la sociedad, un aspecto que no puede eludir la futura COB que, no cabe duda, es necesaria y su reorganización y fortaleza depende de todos y todas.









